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La Misa Solemne

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9. DOMINUS VOBISCUM – 2º

CATECISMO DEL DOMINUS VOBISCUM

¿Qué Señor? – El envío final – Qué Señor, para qué y para quiénes –

Efectos del saludo - Catecismo del Dominus vobiscum - Los Dominus vobiscum glosados - El Dominus vobiscum, abrazo comenzado y beso comunicado - Conclusión[1]

El Dominus vobiscum es el saludo del Liturgo a la Iglesia durante el servicio divino. Éste dice a la asamblea: Dominus vobiscum y la asamblea le responde: Et cum spiritu tuo.

Et cum spiritu tuo sería, según la letra, una paráfrasis semítica de la simple expresión: ‘y contigo’. Pero la Iglesia ha visto en ese Spiritu tuo, un alusión al Espíritu Santo comunicado al ministro por imposición de manos en el sacramento del Orden. Y de ahí la prescripción canónica según la cual no puede saludar con el: Dominus vobiscum y ser correspondido con el: et cum spiritu tuo quien no haya recibido el Espíritu Santo de una manera especial, mediante la imposición de manos del Obispo en la ordenación sagrada.

            Eficaz por sí mismo (como toda oración de la Iglesia) el Dominum vobiscum comunica gracia a la asamblea para su debida participación en el culto. Y la respuesta del pueblo, para el Liturgo es un estímulo a conservar y a  acrecentar incesantemente la gracia que le es propia, es decir, el Espíritu Santo ad robur[2] que le fue conferido por la imposición de las manos.

¿Qué Señor?

Dominus vobiscum, ‘el Señor está con vosotros’ ¿Qué Señor? ‘El que comió y ascendió’, el que convescens… elevatus est[3]. El que proclamó su victoria y nos envió a todos a serle testigos en Jerusalén y Judea y Samaria y hasta los últimos confines de la tierra[4]. El que dijo – a los que preguntaban: ¿en este tiempo restituirás el reino de Israel?: –No    os toca a vosotros saber los tiempos y los momentos que el Padre tiene reservados en su poder[5].

                                         

Admirable saludo, admirable envío, admirable bendición, admirable ascensión. Salimos de la misa en su paz, en su ite, en su bendición, en el misterio en nosotros de su admirable ascensión. Salimos para el testimonio, para serle testigos en Jerusalén  —por la contemplación—; y en toda Judea —por la confesión—; y en Samaria   —por custodia y resistência— y en los últimos extremos de la tierra —por padecimiento y asunción gozosa de su vituperio.

            Todas las formas de vida están insinuadas en su envío: para todas tenemos al Señor con nosotros; para todas su ite fiel y formal; para todas su bendición: para todas su palabra espiritual, su evangelio espiritual.

            El Señor con nosotros, la misa ha terminado, nos bendice Dios omnipotente. Su derecha nos bendice para ir y su dedo nos señala el evangelio espiritual. 

            En principio era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios. El prólogo de San Juan canta como un himno: canta dentro de la música sonora, en el silencio de los versículos que se ciernen —de tres en tres— en grandes círculos, de tres en tres, en espirales que van y vuelven; y desenvuelven, cada vez con más amplitud, cada vez con seguridad más serena, con mayor fuerza sosegada, el misterio de Cristo.

El misterio total: —en el Padre; —en el Verbo eterno, —en la creación: palabra de luz y vida—, en el misterio redentor: et Verbum Caro factum est, —en el misterio santificador: y nos dio poder de ser hijos de Dios

El Envío final

En la Misa se resume todo el misterio de nuestra salud y por eso la misa termina con el Evangelio de San Juan, con el misterio de nuestra salud, con el himno sublime que recapitula, para gloria del Padre, el misterio de nuestra salud.

            Himno secreto (Tibi silentium laus[6]), himno que envuelve la música. Palabra de victoria que parece destruir el camino, de tal manera es alta, de tal manera se cierne.

            ¿Qué sería de nosotros si tuviéramos que ir solamente, ‘ir’ sin más, en el camino estrecho, en la agonía de la puerta angosta, en el horror de la agonía, en el aniquilamiento de la criatura, si no supiéramos que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros? ¿Si no supiéramos que el que está con nosotros y nos envía para testimonio es nuestro creador eterno, la Palabra del Padre, Cristo, nuestro hermano, el Rey victorioso, nuestra Pascua, el Hijo eterno, nuestra gloria?

Qué Señor, para qué, para quiénes

El Dominus vobiscum del Ofertorio: el Señor está con vosotros ¿qué Señor? El que en la cena tomó pan y vino gratias agens, ‘dando gracias’ y nos mandó hacer eso en memoria de Él. El que en la cena instituyó este sacramento.

El Señor con nosotros ¿para qué? Para que ofrezcamos al altar pan y vino a fin de que, en su memoria sean consagrados, a fin de que sean consagrados en su memoria de Él.

Este Dominus vobiscum es el saludo del Liturgo a la Iglesia secreta, separada. Es el saludo que abre la comunidad de los misterios. Lo da en Orden al Bautismo; solamente al bautismo. Quien no está incorporado no puede recibirlo porque no puede ofrecer ni participar.

Es el saludo del Señor a la Iglesia que ofrece. El saludo del carácter al carácter; el saludo del sacerdocio jerárquico al sacerdocio real; el saludo de Cristo al pueblo segregado, a la nación santa, a los que han sido hechos reino y sacerdocio y van a actuar como tales; el saludo del Sacerdote a la comunidad que ofrece; del altar a los oferentes; y para prevenir en esa paz (el beso comunicado) el acto de la ofrenda.

No puede recibirlo sino el que está bautizado. No puede ser dado sino a quien tiene ya el carácter, es decir, la participación del sacerdocio de Cristo. No puede contestar a ese saludo sino quien ya ha sido consagrado a Dios con una misma unción del Espíritu Santo.

El Dominus vobiscum de la oración Colecta asocia a la comunidad a la oración de Cristo. El del Evangelio es heraldo del Verbo: pone de pie para oír la palabra. En uno y otro caben todos los hombres de buena voluntad. Pueden ser dados al catecúmeno y al que comienza en la fe.

Este del ofertorio sólo puede ser dado al discípulo, al bautizado, a quien tiene el carácter, sólo al participante del sacerdocio de Cristo, sólo a quien puede ejercer de algún modo un acto sacerdotal.

Aquí estamos en la Eucaristía y la Eucaristía es el sacrificio de la Iglesia. Es sacramento de la fe, supone la incorporación y el carácter, es sacrificio de la Iglesia, no puede entrar en ella sino la Iglesia. Supone el pasaje por el Mar Rojo, ya en Cristo, por su Pasión, ya sea en nosotros, por nuestro Bautismo. Supone el sacramento pascual, supone la sacralidad porque está dado para un acto sacral. Abre el sacrificio in mysterio y supone la oración misterial, y ningún extraño puede comer de esta pascua. Inaugura el sacrificio y no pertenece sino al pueblo sacrificial.

El saludo eficaz

María saludó a Isabel e Isabel fue llena del Espíritu Santo. Un saludo del Sacerdote a la Iglesia no puede ser ineficaz. Si el Señor nos desea.

            Si el Sacerdote nos desea[7] que el Señor esté con nosotros, el Señor, como término eficaz de ese saludo, estará realmente con nosotros y con el espíritu del Sacerdote porque la comunidad reciproca ese deseo. Donde están dos o tres reunidos en mi nombre allí estaré, en medio de vosotros[8]. La Iglesia reunida en su nombre lo tiene en medio de ella. Cuando el Sacerdote nos dice: El Señor con vosotros, con nosotros realmente está el Señor. Y está con nosotros para lo que lo pide y desea su ministro.

El término eficaz del Dominus vobiscum es el Señor con nosotros. El Señor con nosotros ¿para qué? Para que podamos oír (Evangelio), para que podamos ofrecer (Ofertorio), para que demos gracias (Prefacio), para que recibamos realmente al que hemos recibido (Postcomunión) para que sepamos ir (Ite, missa est!). El Señor con nosotros, el Señor con tu espíritu: ¡saludo, comprobación, deseo, memoria, presencia, fuerza, paz! Comunicación sacerdotal que sólo el ministro puede dar, saludo del Señor a su Iglesia por comunicación de su paz (el beso). Y memoria de su presencia, que sólo el Sacerdote puede darnos, que solamente el Sacerdote puede recibir.

            Es un saludo de paz: el Señor manifiesta su presencia a la Iglesia, vuelve a ella su rostro y la previene para algún acto de la comunidad.

            Es un saludo jerárquico: solamente el sacerdote puede decir ‘Dominus vobiscum’. Sólo quien representa a toda la Iglesia tiene poder sobre toda la comunidad. Sólo quien tiene poder sobre el cuerpo de Cristo puede congregar a toda la asamblea.

 Efectos del saludo

             “Y saludó a Isabel”. “Y fue así como oyó el saludo de María  a) dio el infante saltos en el seno de ella y b) fue llena del Espíritu Santo Isabel”[9]. El Dominus vobiscum previene y suscita. Lo concebido (Introito, Kyries, Gloria) manifiesta vida y la Iglesia recibe su paz. Lo concebido (operación del Introito) en orden a la reunión: Colecta; operación de la Lección en orden al Ofertorio; operación de la Comunión en orden a la vida, al testimonio. Todo lo concebido: da señales de vida, tiende, da, destruye y atestigua.

            Da señales de vida y quien lo lleva (la Iglesia) es llena del Espíritu Santo. Espíritu de oración (Colecta y postcomunión); espíritu de oblación (Ofertorio e ite).

            Tiende a solo Dios (Colecta). Da todo para Dios (Ofertorio). Destruye todo lo que no es de Dios (Communio). Atestigua, antes de subir al altar en secreto, antes de la Colecta solemnemente, antes del Evangelio por boca del Diácono, antes del Ofertorio, antes del Prefacio, antes de la Postcomunión, antes del Ite, antes del último Evangelio. Seis de ellos atestiguan clara y solemnemente. Dos de ellos sólo audibles para los ministros.

 El Sacerdote dice: —Dominus vobiscum y el término de su palabra es ‘Dominus nobiscum’ el Señor con nosotros. Este Señor es Cristo, nuestro Señor, sin quien no podemos nada: Et in capite eius diademata multa[10], muchas diademas ciñen su cabeza. Este único Señor tiene muchos nombres, y tiene muchas diademas, y en cada uno de sus misterios se manifiesta de diferente modo y así, en cada ‘Dominus vobiscum’ uno es el Señor y el Señor es Señor nuestro, pero es hermoso distinguir sus nombres y según cada acción distinguir sus diferentes títulos y sus diferentes diademas.

Hay ocho Dominus vobiscum en la Misa: dos son secretos; dos van acompañados con palabra y con rito para prevenir una oración de la comunidad; dos cantados, con palabra y sin rito, para prevenir una palabra de la jerarquía; dos con palabra y con rito para prevenir una acción de la comunidad,

            El primero, secreto, queda dentro del Introito. Es dicho por el Sacerdote a solos sus ministros mientras sube las gradas del altar y antes de comenzar a orar el Aufer a nobis. Corresponde a la Encarnación: Cristo- Emmanuel, Dios con nosotros, le dice a solos sus ministros: María (el Diácono) y José (el Subdiácono): —El Señor con vosotros.

            El segundo —público, solemne y con rito— termina todo el proceso de la entrada (Introito, Kyries, Gloria) y previene la Oración (Colecta). Corresponde a Cristo-Pastor, reúne a sus ovejas y dice a los hijos de Dios que conocen su nombre: —El Señor con vosotros.

            El tercero —cantado, solemne, pero sin rito— precede al Evangelio. Es el pasaje de las lecciones a la palabra del Hijo, lo dice el Diácono, no el Sacerdote. Corresponde al Evangelio: Cristo-Doctor que ilumina a sus discípulos y dice a los que se arrepienten (metanoia: cambian su mente) y dejan todo para recibir su palabra: —El Señor con vosotros.

            El cuarto —público, solemne, con rito— abre el Ofertorio, es decir, es el saludo del Liturgo a la comunidad, que abre la misa propiamente dicha. Corresponde a la Pasión: Cristo-Pontífice dice a sus propios miembros incorporados a Él por el bautismo en su muerte, a quienes llevan son portadores de su carácter, al pueblo real y sacerdotal, adquirido con su sangre: —El Señor con vosotros.

            El quinto —solemne, cantado, sin rito— abre la Eucaristía, precede al Sursum corda, dispone, como el del Evangelio, para una palabra. Es dicho por el Sacerdote en el momento más solemne de la Misa. Corresponde a la Resurrección: Cristo-Resucitado, (Víctor Rex, ‘Vencedor, Rey’) con las llaves de la muerte y del infierno[11], y a quien todo ha sido dado en la tierra y en los cielos[12]; dice a su pueblo, como el águila que incita a volar a sus polluelos[13], para enseñarle a dar gracias: —El Señor con vosotros.

            El sexto —solemne, cantado, con rito— exactamente como el de la Colecta, precede la Post Communio, oración ad complendum[14], y es dicho por el Sacerdote después de la recepción del sacramento. Corresponde a la vida gloriosa en este mundo: Cristo-Peregrino se une a sus discípulos (a los testigos pre-ordenados de su Resurrección) caminando a la par de ellos, conforme a su humillación (pues van camino de Emaús[15], es decir, son gente despreciada) y les abre los ojos en la fracción del pan, y ellos le reconocen, pero él se hace invisible no dándoles otra certeza que ésta: —El Señor con vosotros.

El séptimo —solemne, cantado, con rito— exactamente como el del Ofertorio, para prevenir una acción de la comunidad, abre el Ite Missa est, consuma la misa y abre nuestro envío. Corresponde a la Ascensión del Señor: Cristo-Assumpto, en su gloria, elevado, sentado a la derecha del Padre, da paz a sus discípulos y los bendice y envía a serle testigos diciéndoles: —¡El Señor con vosotros!

            El octavo —secreto como el primero— es dicho por el Sacerdote a sólo sus ministros, precede la lectura del último Evangelio, corresponde a la vida nueva —del Verbo en nosotros, y de nosotros en el Verbo— producida por la comunión del Santo Sacrificio. Corresponde a la exaltación del Señor en la gloria. Es lo contrario del Emmanuel, es decir, del primer Dominus vobiscum. Aquél es ‘con nosotros – Dios’. Éste con Dios – nosotros, es decir, a la derecha del Padre: nosotros, Cristo-Hombre.

            A quien está muerto y cuya vida está oculta en Dios con Cristo[16], el Verbo le dice, en silencio, y no individualmente sino en el misterio de la comunidad, del Cuerpo: —El Señor con vosotros.

            No os he dejado huérfanos[17], he aquí que estoy con vosotros, deglutiens mortem[18], por dependencia de mi victoria indestructible en anticipación a mi parusía que viene.

¿Y por qué este Dominus vobiscum no es cantado ni dicho en alta voz a todo el pueblo? Porque en este estado de muerte al mundo y transformación de vida en Dios, el Verbo halla a los suyos adonde están con Él, en gloria, es decir, según le son dados por el Padre y le están unidos por el Espíritu Santo. Y así en figuración de las dos Personas es dicha la palabra a los dos ministros de quienes recibe sus miembros, como antes fue dicha en secreto su Emmanuel, según María y José —con prescindencia de todos—  solos le asistían.

Catecismo del Dominus vobiscum[19]

            ¿Qué es el Dominus vobiscum? —Un saludo.

            ¿Qué clase de saludo? ¿De aclamación, de bienvenida, de adiós? ¿Es un Ave, un Hosanna, etc.? —Es un saludo de paz, que recibe y previene.

            ¿De quién? —Del sacerdote al Pueblo.

            ¿Cómo sabemos eso? —Por el rito y las palabras y la oportunidad con que es dicho.

            ¿Cuál es el rito? —Primero el sacerdote extiende sus manos sobre el altar, se inclina y lo besa en el medio. Luego se yergue, se vuelve al pueblo, eleva las manos y dice, cantando: —Dominus vobiscum. El pueblo, de pie, por el coro que es su boca, le responde: —Et cum spiritu tuo. Luego el Sacerdote junta las manos ante el pecho y por el mismo lado por donde se volvió hacia el pueblo se vuelve nuevamente hacia el altar.

            ¿Qué hay pues en este rito? —Un beso comunicado: Una expresión de paz: un beso comunicado, un abrazo comenzado, un deseo[20] de que el Señor esté con nosotros, una memoria de que el Señor está con nosotros y con su Sacerdote; un deseo de que el Señor esté realmente con nosotros en este momento y con su Sacerdote para este acto que vamos a realizar.

¿Qué acto es? Un acto de religión diverso cada vez: unas veces es una oración, como en la colecta; otras, una recepción como antes del Evangelio; otras una oblación, como en el Ofertorio; para orar, para oír, para ofrecer, sea que pidamos, recibamos o demos.

            ¿Cuántas veces se dice Dominus vobiscum en la Misa? —Siete veces.

            ¿Todos los Dominus vobiscum son iguales? —En la palabra sí, en el rito no; en la oportunidad y en la intención tampoco.

            ¿Cuáles son estos siete Dominus vobiscum? —El primero es secreto y no lo oímos. Lo dice el Sacerdote a sus ministros al subir las gradas del altar, antes de la oración Aufer a nobis. El segundo y el sexto previenen la oración y son dichos solemnemente con beso al altar y ostensión del rostro y las manos del Sacerdote al pueblo. El segundo precede y previene la oración colecta, el sexto la oración después de la comunión, o Post communio. Ambos previenen la oración de la comunidad: la oración que congrega en la Colecta y la oración ad complendum, la oración super populum, ‘sobre el pueblo’ y la oración del sacramento recibido.

            Tres veces es dicho únicamente en sus palabras, sin rito, simple expresión de un deseo: —el primero en secreto (no lo oímos) lo dice el sacerdote a sus ministros al subir las gradas del altar, antes de la oración Aufer a nobis. Los otros dos son solemnemente cantados: una vez por el Diácono, la otra vez por el Sacerdote antes del Prefacio.

            Los otros cuatro tienen rito solemne, es decir, comunican el beso al altar, manifiestan el rostro del Sacerdote al pueblo y muestran las manos. Dos veces para prevenir la oración (Colecta y Postcomunión) y dos veces prevenir los actos más decisivos de la Iglesia (Ofertorio e Ite Missa est).

            La Colecta y la Postcomunión previenen la oración de la comunidad. La Colecta es la oración que congrega. La Postcomunión es la oración ad complendum, la que concluye o cierra la celebración, es también la oración sobre el pueblo y sobre el sacramento recibido.

            Los dos saludos solemnes antes del Ofertorio y antes del Ite Missa est, previenen los actos más decisivos, es decir, primero el Ofertorio, el acto de la Iglesia que ofrece la oblación, el otro es el acto de la Iglesia que atestigua; el primero antes de ofrecer en el altar y el segundo antes de irse para dar testimonio.

            ¿Quiénes son los actores, los interlocutores de este saludo? —Siempre son el sacerdote y el pueblo. El Sacerdote nos saluda en la caridad que se adelanta. Nosotros a él en la caridad que consuma. Pero en cada momento uno y otro manifiestan diferencia de carácter, expresan diferentes situaciones y tiene diferente contexto. Y así, deseo antes de subir al altar, antes del Evangelio, antes del Prefacio, el Dominus vobiscum es informado luego por el rito subsiguiente: a) antes de la oración de la comunidad (Colecta, Postcomunión); b) antes de sus dos grandes actos (Ofertorio y envío) cuando al ofrecer se ofrece y la ofrenda es ella misma puesta en el altar; y al ser enviados, en el Ite Missa est —trasladado ya el sacrificio desde el altar al pueblo por la comunión — es enviada la comunidad a dar testimonio ante, los hombres, de la vida divina que ha recibido y la nutre.

Los Dominus vobiscum glosados[21]

Secreto, antes del Aufer a nobis. Al subir las gradas del altar al comienzo de la Misa: El Señor con vosotros, ministros míos, que subís conmigo ahora al altar; el Señor con tu espíritu, Sacerdote nuestro que te llegas ahora al Altar.

Solemne antes de la colecta: El Señor con vosotros, pueblo reunido, que habéis entrado al altar. El Señor con tu espíritu, Sacerdote que vas a ofrecer nuestra oración. Es el saludo del presidente a la plebs collecta, a la asamblea cristiana. ¿Qué Señor? El que reúne a su Iglesia. El que dio su vida para que todos los hijos de Dios fueran reunidos in unum.

            Solemne antes del Ofertorio: El Señor con vosotros, sacerdocio real, pueblo de adquisición, nación santa, que vais a entregar la ofrenda al altar. El Señor contigo, Sacerdote de Dios, que vas a presentar y disponer nuestra ofrenda. Es el saludo del Liturgo a la ecclesia secreta, ‘la Iglesia separada del mundo’ a los sellados por el carácter sacerdotal de Cristo. ¿Qué Señor? El que nos separó del mundo y dio así a su Iglesia en el sacramento un sacrificio propio que sólo ella puede ofrecer.

            El de la colecta puede oírlo y recibirlo un infiel. El del Ofertorio sólo se dirige a los fieles. El de la Colecta corresponde a la missa catechumenorum, ‘la misa de los catecúmenos’. El del Ofertorio a la missa sacramentorum. Es proferido ya dentro de la economía del misterio.

            Simple deseo del Diácono al pueblo antes del Evangelio: El Señor con vosotros para que podáis oír. El Señor con tu espíritu para que puedas anunciar. ¿Qué Señor? El que dijo: arrepentíos y recibid el Evangelio. El que enseña que no de solo pan vive el hombre y nos alimenta de su palabra. Enutritus verbo fidei[22].

            Deseo del Pontífice a la asamblea al iniciar el Prefacio: El Señor con vosotros para que podáis dar gracias. El Señor con tu espíritu para que des gracias, para que sacrifiques. ¿Qué Señor? El que tomó el pan y el vino gratias agens, ’dando gracias’ y nos mandó hacer eso en su memoria.

            Post communio, saludo del Sacerdote, del que ha dado los dones sagrados al pueblo que los ha recibido. El Señor con vosotros, que habéis recibido el cuerpo del Señor. El Señor con tu espíritu, que vas a pedir el fruto del sacramento recibido. El Señor con tu espíritu, Sacerdote, que en la Colecta eres presidente de la asamblea, cabeza del pueblo; en el Ofertorio eres liturgo, sacerdote en sentido estricto y propio; que en el Prefacio eres el pontífice, sacrificador del sacrificio de alabanza; que en la postcomunión eres el sacerdote sacra dans, ‘que entregas los bienes sagrados’; que en el envío Ite Missa es, ‘Id, la Misa ha terminado’, eres el sacrificador, el jerarca, el que envía al martirio, el que hace un acto del gobierno sacro: agissant sur le monde[23].

El del Ite Missa est, envío final de la Misa: El Señor con vosotros. los que vais a dar testimonio de la vida divina en la vida cotidiana. El Señor con tu espíritu, tú que vas a permanecer coram domino, ‘en presencia del Señor’ para sacralizar jugiter, ‘continuamente’ nuestra vida.

El Dominus vobiscum, abrazo y beso

El que abraza anula la ausencia, destruye la distancia, incluye en sí mismo a aquél a quien abraza. La madre abraza al niño en el regazo materno, lo incluye de nuevo en su seno. El esposo abraza a la esposa, incorpora a su mujer, carne de su carne, huesos de sus huesos, parte integrante de su ser.

Abrazo comenzado

El Dominus vobiscum es un abrazo comenzado, es el saludo del Señor resucitado, el saludo de paz, que da su paz. Abrazo comenzado. Las primicias no son la siega. Cristo resucitado no es la resurrección total que esperamos. Abrazo comenzado, da la paz, su paz, vuelve el rostro del Padre a nosotros y nos muestra sus manos.

            No es todavía el abrazo completo. No toma todavía a la Iglesia, como toma el segador la gavilla contra su pecho. Todavía no le dice: Venid benditos de mi Padre a poseer el reino preparado desde el principio del mundo[24].

Beso comunicado

Cristo nos da su paz, el sacerdote besa el altar y comunica su beso, comunicado y recibido, no devuelto. No es el beso de la unión hipostática; no es el beso dado y retribuido, de los que participarán de la naturaleza divina y para quienes Dios será todo en todo. Es el beso de la caridad —que da.

Los cuatro Dominus vobiscum solemnes, con beso comunicado, abrazo comenzado y manifestación de rostro al pueblo corresponden a los momentos iniciales y finales de la Misa. Es decir, a las dos oraciones de la reunión (Colecta y Post Communio) que la comienzan y terminan; y a los dos actos (Ofertorio e Ite Missa est) que son también el comienzo y el término del Sacrificio.

            Antes de la Colecta, que es el fin del rito del Introito, esta paz previene el comienzo de la reunión. Antes de la Post comunión, que es la oración final, ad complendum, en este Señor con nosotros, guardamos su fruto.

            Luego, antes del Ofertorio, comienzo efectivo de la Misa propiamente dicha, nos previene, nos dispone como oferentes. Y antes del Ite, Missa est, la despedida y envío, y trasladado ya el misterio del altar al pueblo, nos es dado el envío hacia los hombres y el testimonio.

Al terminar el canto del Credo o, si no hay Credo en esa Misa, luego del rito del incienso con que termina el Evangelio, el Sacerdote y los ministros suben al altar y se colocan en el medio, en gradas descendentes, el uno detrás del otro. El Sacerdote besa el altar y se vuelve al pueblo y lo saluda cantando: Dominus vobiscum, ‘El Señor está con vosotros’. Y el pueblo, por el coro, su boca, le responde: et cum spiritu tuo.

            Este es el cuarto Dominus vobiscum en la Misa, pero el segundo solemne con beso al altar, rostro vuelto al pueblo y abrazo comenzado.

            Siete veces se dice Dominus vobiscum en la Misa[25], pero solamente cuatro veces esa palabra es dada acompañada del rito solemne, como comunicación de la paz, es decir, con beso al altar y manifestación del rostro y de las manos al pueblo.

            Las otras tres veces, una es secreta y dicha por el sacerdote a solos sus ministros mientras sube las gradas del altar al comenzar la misa. Las otras dos veces, una la pronuncia el Diácono, como prólogo del Evangelio y la segunda la pronuncia el Sacerdote al comienzo del Prefacio. Aunque cantadas ambas veces, las dos no son precisamente un saludo, sino la expresión de un deseo.

           

Conclusión

El Dominus vobiscum es una fórmula de paz, un saludo en cierto modo sacramental. Es dado siempre de la misma manera y siempre nos desea o advierte la presencia del Señor con nosotros. Pero, como todo saludo, adquiere su sentido cabal según el ámbito de significación en que se pronuncia, es decir, la situación en que se produce, según por qué y para qué nos saludan.

            Así, antes de la Colecta lo vimos llegar después del Gloria, como el Dominus vobiscum de Booz viniendo de Belén para decirnos: El Señor con vosotros[26], los que habéis entrado (Introito), los que habéis gemido (Kyries) los que habéis contemplado la gloria (Himno del Gloria). Con vosotros y con vuestro espíritu, para que, como término de esta preparación, la Iglesia, llamada, pueda orar.

            Y así nos previene y prepara la oración que congrega conforme al misterio de la entrada al altar. Ahora, reunidos por la Oración (rito del Introito) y purificados por la Palabra (conforma a la lección divina) aquí pasamos de la fe al sacramento, el Sacerdote nos saluda en el Prefacio, para dar comienzo al sacrificio. Este Dominus vobiscum del Prefacio ya no previene una oración como en la post communio, sino que, al igual que el saludo del final de la misa, previene un acto del pueblo.


[1] Nota del editor: Ese capítulo se compone de diversos fascículos unas veces distinguidos por títulos y otras veces no. Los subtítulos son del editor y se intercalan al comienzo del capítulo para orientación del lector

[2] Para vigor, fuerza, capacidad de acción

[3] Ver Hechos, 1, 4 y 9

[4] Hechos 1, 8

[5] Hechos 1, 6-7

[6] Salmo 64, 1 en el original hebreo, “El silencio es una alabanza para Ti”, aunque la Vulgata traduzca Te decet  hymnus.

[7] Nota del editor: Aquí Dimas Antuña interpreta el Dominus vobiscum como optativo (esté) y no como indicativo (está).

[8] Mateo 18,20

[9] Véase Lucas 1, 40-44

[10] Apocalipsis 19, 12: Y en su cabeza muchas diademas

[11] Apocalipsis 1, 18

[12] Mateo 28, 18, Ver Efesios 2, 9-11

[13] Deuteronomio 32, 11

[14] Para dar cumplimiento, para completar, culminar, hacer efectivo el efecto del sacramento mediante el fruto interior.

[15] Nota marginal a mano: “Emmaus = in spatio stadiorum sexaginta ab Jerusalem. Emaús, en el espacio, distante sesenta estadios de Jerusalén”

[16] Ver: Colosenses 3, 3

[17] ´Ver Juan 14, 18

[18] Devorando a la muerte. Palabras que se leen sólo en la Vulgata, y no en el texto griego, en 1ª Pedro 3,  22: deglutens mortem ut vitae aeternae heredes efficeremur: devorando a la muerte para que fuéramos constituidos en herederos de la vida eterna.

[19] Nota del editor: En este artículo, el autor procede como en los catecismos de preguntas y respuestas. Después de haber tratado del Dominus vobiscum, estas preguntas y respuestas sirven de repaso de lo expuesto.

[20] Nota del editor: es un deseo de presencia que sin embargo implica su presencia y no su ausencia, No es optativo sino indicativo, porque agrega, a continuación: “una memoria, etc.”.

[21] Subtítulo del editor. El autor interpreta los saludos según la intencionalidad prescrita al Sacerdote para cada uno de ellos.

[22] Alimentado con el verbo de la fe

[23] Que opera sobre el mundo

[24] Cita libre de Mateo 25, 34

[25] Nota del editor: La octava vez que lo pronuncia el sacerdote, es antes del Evangelio final, cuando ya la misa propiamente dicha ha terminado.

[26] Rut 2, 4

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