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ASÍ LO VIERON

Testimonios sobre José Luis (Dimas) Antuña

Mons. Miguel Balaguer

Mons. Miguel Balaguer, Obispo de Tacuarembó Uruguay escribió de él: “Era un hombre de un conocimiento enorme de la Liturgia sobre todo de la santa Misa, y yo lo invité para dar unas conferencias sobre ese tema en la Academia de Estudios Religiosos que yo dirigí por muchos años, en el local del Club Católico hasta que esta institución empezó a restaurar su edificio social. Las mismas fueron extraordinarias y lo afirmo por conocimiento directo por haberlas oído.

Lo que dice Real de Azúa1 me sorprende, pues yo, estando en el puesto estratégico de la Curia en la cual trabajé por treinta y dos años nunca oí semejante cosa. Sería gente de tertulia de café la que habrá recelado, ciertamente por su intensa religiosidad; pero los chismes de esos ambientes ‘tan autorizados’ no llegaban a la Curia”.

Recuerdos del Padre Pablo Sáenz OSB

Su ahijado de confirmación, el P. Pablo Sáenz OSB escribió2 el siguiente recuerdo de su padrino:

“Es cierto que papá3 era muy amigo de él, que ambos se querían muchísimo, que entre ellos existía una amistad nobilísima de muchos años. Desde que tengo uso de razón lo recuerdo a Dimas como amigo de Papá. Él fue mi padrino de confirmación. A pesar de todo esto, yo personalmente tuve pocas relaciones con él, quizás en parte por haberse trasladado a vivir en el Uruguay. El recuerdo que tengo de Dimas, desde el más antiguo hasta el último, es el de una persona extraordinariamente buena, y tan espiritual que prácticamente sólo se podía hablar de cosas espirituales con él. La última vez que lo vi fue en casa de Papá, poco tiempo (¿unos meses quizás?) antes de su muerte. Recuerdo que hizo un largo comentario sobre el libro de Durrwell sobre la Resurrección, y que al despedirse nos pidió a Papá y a mí que rezáramos juntos una Salve. Nos arrodillamos los tres, y yo tuve clarísimamente la sensación de que era la despedida definitiva, como de hecho lo fue.

Dimas perteneció al grupo de amigos que luego integraron en arte el primer plantel de los Cursos de Cultura Católica, y que frecuentaba San Benito. De chico recuerdo haberlo visto muchas veces allí, en misa cantada o en Vísperas. Yo creo que el amor de Dimas a la liturgia creció en la Abadía. Creo que si hubo un monje que tuvo influencia sobre su vida espiritual fue sin duda el P. Eleuterio González, a quien Dimas admiraba de un modo visible.

He estado revisando en casa los papeles que dejó Papá para ver si encontraba algo que le interesara. (Y ésta es una de las causas de la demora de mi contestación). Desgraciadamente Papá no conservaba las cartas. La que se publicó en la revista “Universitas” y que reprodujeron las hermanas de Santa Escolástica, es, efectivamente el trozo de una carta dirigida a Papá con ocasión de un trámite de cobros de una jubilación.

Usted me pregunta datos sobre mi padre. Su nombre completo es Carlos A. Sáenz. Su curriculum es muy sencillo. Nació en 1984 en La Plata, y murió en 1976, hace justo un año. Se casó en 1921. Tuvo cinco chicos. Fue abogado. Ahora, si Usted me pide que le hable de él, ya no me animo a hacerlo por carta. Lo único que le digo es que es la imagen de Dios más maravillosamente pura que he conocido. Si algún día tengo ocasión de verlo a Usted personalmente, quizás me sea más fácil contarle algo.

En cuanto a lo que Usted me pregunta, es a saber si Dimas y Papá trabajaron juntos en algo, no sé. Ambos publicaban sus ensayos en las mismas revistas, comenzando por “Signo”. Sé también que en una época compraban juntos los libros que encargaban a Europa, y que luego se reunían para comentarlos. Pero Papá comentaba poco todo esto a nosotros sus hijos que éramos bastante chicos.

La última vez que estuve en Buenos Aires traté de localizar a algún viejo amigo de Dimas. El esfuerzo me resultó muy difícil. Casi todos los que yo podía conocer han muerto. El Dr. Tomás Casares murió también en 1976. (Dimas tendría ahora ochenta y dos u ochenta y tres años, si no me equivoco). Cuando pueda, trataré de ver a Juan Antonio Spotorno, bastante más joven que él, y que es el único sobreviviente del grupo de amigos. Si tiene algo interesante guardado de él, le voy a pedir que se lo mande.

Yo conservo una sola carta de Dimas. Le mando con ésta una copia. Yo creo que esa carta dice mucho más que todo lo que yo puedo decirle, y que contesta en parte a sus preguntas. En San Benito, si no me equivoco, hay algunas obras de Dimas, además de la colección de revistas donde él publicaba sus colaboraciones. Desgraciadamente no puedo decirle con precisión qué hay, porque para eso necesitaría ir a Buenos Aires y tener allí un poco de tiempo, lo que rara vez sucede. A pesar de todo, en cuanto pueda, voy a tratar de averiguar qué hay, si es que le interesa, aunque pienso que no ha de haber nada que su mujer no tenga en su casa. En todo caso avíseme.

Le reitero mis excusas por la demora en contestarle. Créame que su carta me interesó muchísimo por tratarse de alguien a quien he querido muy hondamente. Si tiene ocasión de ver a la Sra. De Antuña, le ruego le haga llegar mis respetos. Su hermano siempre afectísimo en Cristo. Firma: P. Pablo Sáenz OSB.

Retrato hablado por la Hermana Agueda Fernández4

Hemos recogido de la Hermana benedictina Rosa Fernández Alonso que lo conoció en el fecundo decenio del 40, esta semblanza de Dimas Antuña. Compulsada con numerosos testimonios y opiniones, juzgamos que lo dibuja fielmente.

“Lo conocí en 1943 o 1944 y lo traté con bastante frecuencia hasta 1948. Era de estatura mediana, más bien delgado, de cabello negro –entonces ya algo canoso- de tez más bien morena. Su salud frágil había sido la causa de una estadía en Colón en 1942 y también, según creo, de su jubilación.

Lo que más me impresionaba en él era su constante actitud de hombre de oración. Leía y más que leía estudiaba cuidadosamente, publicaciones sobre las diversas disciplinas sagradas: exégesis, liturgia, teología. Esta manera suya de profundizar en su fe por un estudio serio se puede ver no sólo por lo rico de su pensamiento, sino a través de los libros usados por él, cuidadosamente subrayados y anotados.

Su misma conversación estaba como protegida por un silencio: no se perdía en temas banales ni se refería a su persona y a su vida. Su palabra fluía lenta pero en períodos claros y rítmicos.

De sus escritos conozco lo que está publicado. Por el año 45 me leyó varios poemas, entonces inéditos, pero luego publicados en El Testimonio.

Me inclino a creer que Dimas corregía minuciosamente sus trabajos, ya que como dije antes, su pensamiento fluía con suma precisión en los conceptos y equilibrio rítmico en la expresión. Nada hace pensar que hubiese en él el menor afán de preciosismo. Algo de esto se trasluce en el Prólogo de El Testimonio (ver pág. 9).Pero la belleza y hondura que se encuentran en sus escritos –trabajados o no- muestran al hombre cuya pasión era la contemplación, al esteta de finísima sensibilidad, al silencioso que todo lo hacía con sencillez y nunca con descuido.

Esto último tuve ocasión de apreciarlo desde otros ángulos. Uno de ellos: el cuidado con que estudiaba la diagramación de sus trabajos cuando se pasaban a máquina antes de una conferencia o en vistas a su publicación. En lo publicado y que yo conozco, donde mejor se aprecia este aspecto es en su libro La vida de San José. Dedicó atento cuidado a la preparación de los originales de El Testimonio. En ellos pude apreciar la belleza de una distribución equilibrada del texto. Al pasar a la imprenta, la necesidad de no hacer muy costosa la edición obligó a achicar la letra y a suprimir muchos espacios blancos.

Otro recuerdo vinculado a su sencillez en la que no se mezclaba el descuido, es el de los momentos en que leía sus escritos, ya en privado, ya para algún grupo. Los lugares en los que se le invitaba en Montevideo, con cierta frecuencia eran El Apostolado litúrgico del Uruguay y uno sin nombre oficial y sin sede propia, formado por personas a las que atraía la espiritualidad benedictina. Al comenzar Dimas a leer –poesía o prosa- su figura parecía entrar en la penumbra y su voz clara, suave y armoniosa ocupaba ella sola toda la atención. Esto, unido al ritmo de que ya he hablado, hacía que su pensamiento penetrase en quienes le escuchábamos no sólo como conceptos dirigidos a la inteligencia sino como algo, que creando una profunda atmósfera de silencio y aquietando los sentidos, nos envolvía y ayudaba notablemente a gustar lo que exponía y que se refería siempre de algún modo a las maravillas de Dios manifestadas en la naturaleza o donde quiera que se revelara.

Dimas fue un alma intensamente eucarística. Cuando vivía a la vuelta del Santuario de Lourdes que regían los Padres Palottinos él solía ir a esa iglesia a rezar. Yo trabajaba en ese entonces con el Padre Agustín Born en el Apostolado Litúrgico y me cruzaba a su casa, encontrándome con Queca, como llamábamos a su esposa Angélica, si Dimas estaba todavía en la Iglesia, orando. En los encuentros con Dimas, él me dijo de su alegría al ver que Queca leía los Santos Padres y otros libros piadosos, sin necesidad de que él se lo aconsejara. Después cuando volví a verlo, vivía en el barrio Pocitos, cerca de la Parroquia por tener un sagrario cerca de su casa.

Ignoro cuáles fueron las alternativas de su última enfermedad. Lo único que supe de él después de una última visita en 1966 fue que este varón silencioso entró definitivamente en la Plenitud de Dios el 24 de agosto de 1968.”

Recuerdos de su sobrino Alejandro Antuña Urruela5

El papá (Pedro), lo llevaba a todos lados y fueron a visitar a Dimas a Bs.As. cuando su padre compró allí un reproductor. Pedro, su padre, trabajaba los campos de la sucesión Mouriño, que luego pasó a ser de Carlos Algorta, porque se casó con una hija de Mouriño. Más tarde, Dimas se vino de la Argentina a Colón en Montevideo. Falleció en Pocitos.

Era un hombre parco.

Angélica era una mujer muy alegre y gran conversadora. Dimas le llevaba 12 años. La mamá de Angélica le dio a Nora su última hija para que ellos la criaran ya que no pudieron tener hijos. Luego que pasó el tiempo, como ella no quedaba embarazada, Angélica se hizo unos estudios, y resultó que tenía útero infantil.

En agosto de 1968 en la primera quincena, más o menos entre el 5 y el 11, lo fue a visitar en Montevideo con su hijo Pedro, ya que era época de la Rural, y notó que Dimas estaba mal.

Dimas le regaló al chico unas monedas, y se rascaba el lóbulo parietal.

Su muerte fue a raíz de un infarto cerebral.

Alejandro notó el cambio en su mirada, tenía la mirada extraviada, que no parecía el mismo. No tuvo parálisis.

Alejandro llamó a María del Carmen, su tía, hermana de Dimas, que aunque ella iba por las tardes, no se había dado cuenta lo mal que estaba Dimas. Le pidió que le consiguiera un sacerdote. María del Carmen vivía en Sierra y Madrid. Dimas murió de un derrame cerebral.

Era un hombre parco, serio que no le gustaba sobresalir en nada. De temperamento fuerte, un hombre de carácter, no era genioso, sino firme en sus convicciones. Era extremadamente sencillo. Fue de visita al campo muy pocas veces. Él estaba para su trabajo y era reservado como todos los hombres de la familia. No le gustaba el football.

La gente de la época no lo entendió. Incluso no lo entendió el clero.

Cuando fue secretario de Torres, Ministro de economía, porque estaba muy corto de pesos, le pidió un cargo. El Ministro le ofreció un cargo si se afiliaba al partido, pero Dimas se negó a la afiliación.

Luego que pasó esa época, cuando mejoró su situación, ellos ayudaban a familias mensualmente con dinero.

Dimas trabajó en la embajada de USA, era el encargado de cuestiones laborales, era informante del embajador.

Su ida a Bs. As. era porque fue a buscar sustento para la familia, ya que su padre se moría. Luego el padre resultó que vivió hasta los 88 años, y al final él no fue el que sustentó la familia, sino su hermano Pedro, el papá de Alejandro.

Dimas conoció a Queca su esposa en la Acción Católica. El suegro de Queca era compositor de caballos en Palermo, tenía una manzana entera de stoods.

Dimas era amigo de unos judíos católicos. Ellos lo llevaron a Brasil a dar unas conferencias.

Alejandro fue a una de sus conferencias, dada en Mercedes, y no le entendió su contenido. Hablaba con un nivel académico, que no resultaba fácil entenderle. Su cuñado Bausero era Batllista, ateo.

Recuerdos de Margot Bausero Valla

Recuerdos de Margot Bausero Valla

Lo que me contó de Dimas, que le decía el Tata, era que era un hombre manso y tranquilo. *Era amorosooo*. pongo asterisco porque no encuentro las comillas en el teclado.
Durante dos años ella iba todos los días a su casa, porque se respiraba un clima de paz y recogimiento.
*Era un hombre bueniiiisimo*. Me ayudaba a hacer los mapas con una paciencia!*
La Queca era una santa, santasa! iba todos los días a misa, era muy alegre y después que el Tata se murió iba al Cottolengo todos los días a trabajar. Se lo tomó muy en serio! Era una santa y una despojada, Nunca tuvieron nada y siempre estaban contentos, O sea lo tenían todo!
Chichi era muy hermosa, pidieron una vez su foto para hacerle la cara a la Virgen en un cuadro.
El tema es que cuando Chichi se murió, y desarmaron la casa, había tanto libro religioso, de santos etc, que no sabían qué hacer con ellos... intentó donarlos pero nadie los quería, hasta fueron al Opus a entregarlos.  Al final consiguió un interesado que era revendedor.
Ella quedó en buscar algo más y mostró interés por los escritos de Dimas.
Quedó impresionada de que hubiera personas interesadas por sus escritos.

1 Monseñor Balaguer se refiere al siguiente escrito de Carlos Real de Azúa: “Dimas Antuña (1894), por fin, que ha llevado una vida virtualmente errabunda entre el Brasil, el Uruguay en que nació y la Argentina en la que aparecieron sus dos singulares libros: Israel contra el Ángel (1921) y El testimonio (1947) y en donde logró sobre ciertos núcleos de intensa religiosidad un magisterio (un magisterio en hondura) que algunos recelaron. Respecto a Falcao Espalter – prosigue Real de Azúa que acaba de referirse a él antes que a Antuña- bien podría representar la otra cara de la Fe: centrada en la intimidad y sus posibilidades de apertura, humildad y poética emoción ante el misterio y la maravilla de la vida”. [Antología del Ensayo Uruguayo Contemporáneo, Universidad de la República, Dpto. de Publicaciones, Montevideo, Uruguay 1964 (Serie: Letras Uruguayas Nº 5) Tomo I, p.36]

En realidad, Real de Azúa valora la obra de Dimas reconociéndole una mayor profundidad e interioridad religiosa que la de Falcao Espalter, que representaría “la cara de la fe que mira al mundo”, y cuyo libro “La Colina de los Vaticinios” – por ejemplo – es más bien una apología de Roma y su significación en la historia y la cultura, escrita de cara al mundo político de las décadas 1920-1930: el fascismo, el comunismo, el tratado de Letrán, etc.

Puede decirse que la obra es más bien una exaltación de la Iglesia de carácter apologético. No hay, por el contrario, en la obra de Dimas Antuña intención apologética, pero sí celebración de la condición bautismal.

2 Carta del 25 de abril de 1977, escrita desde la Abadía San Benito, Luján, Argentina, a la Hna. Águeda Fernández que estaba en el Monasterio Santa María Madre de la Iglesia, en el Pinar, Canelones, Uruguay.

3 El Dr. Carlos Sáenz

4 La hermana benedictina Águeda Fernández

5 Hijo de Pedro Antuña Gadea   

María Noel nacida en 1959 por lo que tenía 9 años cuando falleció Dimas
El nombre del padre de Angélica Valla es Juan Valla.
En Argentina había una tía que falleció.
Las mujeres Vallas eran 3.
Queca, Silvia, las dos sin hijos y Nora.
Los 2 hermanos Valla tuvieron hijos, Alberto y Jorge, que viven en Argentina y que no tienen rastros de ellos.
No recuerda el segundo apellido, ya que son sobrinos de Nora y Queca.
Recuerda que Dimas había venido al Uruguay porque estaba enfermo, y que le habían dicho de vivir en Colon por temas de salud. (acoto yo, debe haber tenido un cuadro respiratorio, porque recuerdo a mi suegra que decía que los que estaban enfermos de los bronquios les venía bien vivir en Colon).
María Noel es la hermana menor, luego está Margot y la más grande es Nora.
Fotos por ahora no tiene, pero existe una valija que vino de lo de su madre que tiene que revisar. Pero que no nos hagamos muchas ilusiones. Quedó con mi celu por si encuentra algo.

De Dimas lo recuerda como un hombre serio como correspondía a la época, no amargado.
Siempre colaborando, con los estudios, la ayudaba a hacer mapas y le mostraba los países en un globo terráqueo.
No era un hombre aislado, ni distante ni amargo, sino que estaba presente con los niños.
Ella podía ir con sus amiguitos, porque eran bien recibidos, incluso los podía invitar a dormir y a estudiar.
Era un hogar abierto que siempre recibía gente.
Resumió, amable, serio, colaborador y participativo con los niños.

Cuando empezó a hablar de Queca se le quebró la voz de la emoción en todo el tiempo mientas habló de ella.
Dijo que la Sra. merecía ser recordada por ser excepcional, única, parecía de otro mundo. Se dedicó al prójimo, dejó todo por todos, era generosa al máximo y ellos la pasaban muy bien cuando iban a verlos. Por eso siempre querían volver.
Nunca dio problema.
Fue una mujer que se dedicó en cuerpo y alma a su esposo.
Era una mujer que estaba actualizada del mundo, de lo que pasaba, del football, etc, tenía buen diálogo con sus sobrinos nietos.
Además siempre colaboraba, por ej. aparecía en su casa de forma imprevista, para ver si la empleada trataba bien a los chicos cuando Ma. Noel estaba trabajando y miraba la novela con la empleada.
Cree que vivió hasta los 89 años, murió en el 2000.

La Negra fue la que mantuvo una relación mas cercana con Queca, se llamaban por teléfono. Piensa que es la persona que puede tener mas recuerdos en lo que queda de la familia.

Isabel M. Antuña, 2015

José Luis Antuña Gadea

Dimas

(1894 ------1968)

En los primeros meses de este 2015, me sorprendió una llamada con una invitación bien diferente: era Inés Cibils Antuña para invitarme a participar de un encuentro amistoso familiar con el sacerdote Horacio Bojorge S.J. a los efectos de intercambiar experiencias y conocimientos sobre la vida de José Luis Antuña Gadea -Dimas- (1894 – 1968) como quiso que se lo llamara.

La sorpresa, el impacto, el amontonamiento de imágenes, recuerdos, sensaciones fue tan fuerte e intenso que por momentos el pasado, sus vivencias y las percepciones se me imponían y amontonaban casi en cataratas, como cuando bajamos documentos de la memoria electrónica.

El Padre Horacio Bojorge deseaba tener de primera mano algún testimonio de alguien que hubiera conocido a Dimas en forma directa.

Así es que surge lo que paso a relatar.

Conocí a Dimas siendo muy pequeña, allá por el ¨43 recién llegada a Montevideo (desde Santa Fe) con mis padres, que se instalaban en Montevideo.

Mi abuelo paterno Enrique Marcos Antuña Gadea, periodista e historiador era hermano del padre de Dimas, José Luis Antuña Gadea, escribano, que se instaló en Dolores, Dep. de Soriano. Mi abuelo vivió en Montevideo hasta 1904, año en el que por razones políticas debió trasladarse a Buenos Aires con su esposa e hijos. Su esposa Dolores Gadea Casco oriunda de Soriano y descendiente del Gadea de la gesta de “Los 33 Orientales” era hermana de la madre de Dimas. Ambas familias pertenecían a lo que se conoció como el patriciado de la etapa fundacional (en las primeras décadas del 1700) de la futura sociedad uruguaya.

Esta pertenencia familiar tan fuerte, hizo que mi padre y Dimas mantuvieran una relación estrecha, intensa y por momentos con cierta cotidianidad. Por tanto yo conocí a Dimas y Queca - su querida y admirada esposa - desde muy pequeña.

Conocer a Dimas, escucharlo, oír sus parlamentos era necesariamente impregnarse de un sentir religioso marcado por lo grandioso de la solemnidad de la liturgia, -siempre en latín- con todo el esplendor de aquellos años cuarenta, cincuenta, y algo más. La llamada misa de Gallo a las 0h. en punto el 24 de diciembre con el esplendor de

Gloria Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, anunciando y confirmando el nacimiento de Cristo, la culminación del adviento y la inauguración de la vida con Cristo entre nosotros.

Luego la inauguración de la cuaresma que culminaba con el ritual del domingo de Ramos y los oficios de Tinieblas que anunciaban y preparaban las liturgias centrales de la Semana Santa: las misas solemnes del Jueves Santo, la liturgia del Viernes Santo y la Misa de Gloria del Sábado Santo precedida por el oficio de la bendición del fuego, del agua, de los santos óleos, las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento, que preparaban el momento del canto del Gloria y la luz de la Resurrección.

Dimas aportaba sus conocimientos litúrgicos y sus convicciones de fe a esta liturgia amada por él, hombre convencido del mensaje de amor que había traído Cristo a la tierra.

Y es así que también recuerdo a Dimas y a su esposa Queca, muy presentes en mi familia cuando mamá se agravó y se aproximaba el momento de recibir los santos sacramentos que la prepararían para un buen morir. En toda esa instancia Dimas estuvo muy presente, acompañó a la familia y presentó al Padre Livio, sacerdote capuchino que fue el ministro de Cristo en esa tan dolorosa circunstancia.

Dimas orientó y agregó palabra de sabiduría cristiana para la preparación de mi Primera Comunión, -y por tanto de la primera confesión-. Si bien la preparación fue en el Colegio al cual concurría (Clara Jackson de Heber) las lecturas y charlas en mi casa le sumaron profundidad y un apego más personal, sentido y vivencial.

Quisiera recordar ahora la importancia que tenía para Dimas la liturgia como un ritual cargado de sentido y que debía ser respetado en sus formas y presentación, sin desviaciones que le restaran impacto a la puesta en escena de un acto que debía ser solemne, sobrio e impactante y acorde a la celebración litúrgica en juego.

El Concilio Vaticano ll, convocado por Juan XXlll, en 1959 reunido por primera vez 1962 y que concluyó en 1965 bajo el pontificado de Pablo Vll, propuso cambios significativos en las políticas de la Iglesia, entre otros, en relación al lugar de los laicos tanto en la pastoral como en las litúrgicas. En la celebración de la Santa Misa fue donde se hizo particularmente visible.

Algunos cambios a destacar:

>>> el giro en la visibilidad del sacerdote oficiante: tradicionalmente de espalda a los fieles, ahora de frente a ellos.

>>> el paso del latín, lengua oficial y única del culto cristiano romano a las lenguas vernáculas propias de cada comunidad católica.

>>> los cánticos litúrgicos pasaron lentamente del órgano a la guitarra, lo que fue modificando también el uso y destino del espacio sagrado.

>>> el lugar de los laicos en la celebración, desde ese momento lectores habilitados en la transición de la palabra en epístolas y otras lecturas, involucrándose activamente en el acto litúrgico. La lectura del evangelio y la homilía siguieron a cargo del sacerdote oficiante.

>>> Otro aspecto a señalar es el lugar que fueron tomando las mujeres en las celebraciones litúrgicas, tradicionalmente sólo protagonizadas por figuras masculinas de distinta jerarquía y donde niños y adolescentes se desempeñaban como monaguillos lo que muchas veces significaba un privilegio para ellos.

Dimas atravesó una crisis de fe muy importante en los años de su juventud durante su estadía en Buenos Aires. Sin embargo pudo más su más primitiva adhesión a la fe en Cristo. Pudo superar sus dudas y conflictos lo que lo condujo a adoptar el nombre de Dimas, el buen ladrón, arrepentido, que se sentía no merecedor del perdón que recibió de Cristo crucificado y agonizante registrado en aquella frase:

Hoy estarás conmigo en el paraíso.

El Concilio Vaticano ll terminó en 1965. La situación política internacional y muy en particular en el Río de la Plata, lugar que él conocía ya que había vivido en las dos orillas del mismo, era de los comienzos de la guerrilla y cambios muy importante y significativos en las concepciones políticas. La Iglesia en nuestro medio, había consagrado a Mons. Partelli como obispo. A su vez un fuerte desarrollo de la teología de la liberación se repartía entre los que adherían a las nuevas propuestas políticas ideológicas y aquellos que las repudiaban.

A partir del Concilio Vaticano ll, Dimas sentía una desviación en el plano de la recta lectura de la doctrina que él entendía se hacía visible en el plano de la liturgia, donde las nuevas prácticas introducidas parecían responder a lo que él llamaba el instinto de profanación que dominaba a buena parte de los responsables eclesiásticos.

Para Dimas fue un momento de mucho dolor, tensión, sufrimiento entre su adhesión a la fe y los lineamentos jerárquicos de la Iglesia, con los nuevos discursos que proponían y se adherían a ideas consideradas por él en el límite de lo satánico y condenable.

Dimas nos dejó un firme testimonio de pensamiento y vida cristiana.

Montevideo, invierno del 2015.    

Recuerdos de Margot Bausero Valla

Lo que me contó de Dimas, que le decía el Tata, era que era un hombre manso y tranquilo. *Era amorosooo*. pongo asterisco porque no encuentro las comillas en el teclado.
Durante dos años ella iba todos los días a su casa, porque se respiraba un clima de paz y recogimiento.
*Era un hombre bueniiiisimo*. Me ayudaba a hacer los mapas con una paciencia!* 
La Queca era una santa, santasa! iba todos los días a misa, era muy alegre y después que el Tata se murió iba al Cottolengo todos los días a trabajar. Se lo tomó muy en serio! Era una santa y una despojada, Nunca tuvieron nada y siempre estaban contentos, O sea lo tenían todo!
Chichi era muy hermosa, pidieron una vez su foto para hacerle la cara a la Virgen en un cuadro.
El tema es que cuando Chichi se murió, y desarmaron la casa, había tanto libro religioso, de santos etc, que no sabían qué hacer con ellos... intentó donarlos pero nadie los quería, hasta fueron al Opus a entregarlos.  Al final consiguió un interesado que era revendedor.
Ella quedó en buscar algo más y mostró interés por los escritos de Dimas.
Quedó impresionada de que hubiera personas interesadas por sus escritos.

Recuerdos de Alejandro Antuña Urruela

Sábado 21 de junio en Dolores, en casa de Alejandro y Mariel

María del Carmen me educó en la fe, era muy católica.

Iba a la escuela de lunes a viernes, en Mercedes, y el viernes me iba para el campo.

Ella fue muy importante en mi vida.

La tía (mamá Tuba), fue la que la crió a la abuela (María Gadea).

Pedro no terminó la escuela, lo mandaron a BsAs, a Lasalle y ahí lo echaron. (por teñirse el pelo de colorado). Había un chico pelirrojo y Pedro se tiño el pelo del mismo color.

El padre lo rapó y lo mando para el campo.

Dimas iba a la escuela en que Pedro se portaba mal.

A Dimas lo conoció cuando él tenía 3 años de edad, porque vivía en Bs. As. Fue cuando su padre compró un reproductor.

Trabajaban los campos de la sucesión Mouriño, que luego pasó a ser de Carlos Algorta, porque se casó con una hija.

El papá (Pedro), lo llevaba a todos lados y fueron a visitar a Dimas a Bs.As.

Dimas se vino de la Argentina a Colon.

Falleció en Pocitos.

Era un hombre parco.

Angélica era una mujer muy alegre y gran conversadora, le llevaba 12 años. La mamá de Angélica le dio su última hija, Nora, para que ellos la criaran ya que no pudieron tener hijos. Luego que paso el tiempo, como no quedaba embarazada, Angélica se hizo unos estudios, y dio que tenía útero infantil.

Nora se crió con ellos y luego se casó con un Bausero, que era Batllista y ateo. Pero Dimas se llevaba bien con todos. Fue amigo de unos judíos católicos que lo llevaron a hablar en Brasil.

La gente de la época no lo entendió. Incluso no lo entendió el clero.

Cuando fue secretario de Torres, Ministro de economía, que estaba muy corto de pesos, le pidió un cargo. El Ministro parece que le pidió que se afiliara al partido colorado, y enseguida tenía el cargo, pero Dimas se negó a la afiliación.

Luego que pasó esa época, ellos ayudaban a familias mensualmente con dinero. En la embajada de USA, era el encargado de cuestiones laborales, era informante del embajador.

Era un hombre parco, serio que no le gustaba sobresalir en nada. De temperamento fuerte, un hombre de carácter, no era genioso, sino firme en sus convicciones. Era extremadamente sencillo. Fue de visita al campo muy pocas veces. Él estaba para su trabajo y era reservado como todos los hombres de la familia.

No le gustaba el football. ( creo que esto lo afirma, porque lo dijo dos veces, porque a él sí le gustaba, no sé si notó en la mesa, cada dos por tres miraba la pantalla) (creo que ese fue su gran sacrificio, jaja!!, porque la Sra. tb preguntó si a Ud. le gustaba el football, estaba hasta un poco nerviosa por el tema).

Su ida a Bs. As. era porque fue a buscar sustento para la familia, ya que su padre se moría. Luego el padre resultó que vivió hasta los 88 años, y al final él no fue el que sustentó la familia, sino su hermano Pedro, el papá de Alejandro.

Dimas conoció a Queca su esposa en la Acción Catolica. El suegro era compositor de caballos en Palermo, tenía una manzana entera de stoods.

Alejandro fue a una de sus conferencias, dada en Mercedes, y no le entendió su contenido. Hablaba con un nivel académico, que no resultaba fácil entenderle.

En agosto de 1968 en la primera quincena, el calcula más o menos entre el 5 y el 11, lo fue a visitar con su hijo Pedro, ya que era época de la Rural, y notó que Dimas estaba mal.

Dimas le regaló al chico unas monedas, y se rascaba el lóbulo parietal. Su muerte fue a raíz de un infarto cerebral.

Notó el cambio en su mirada, tenía la mirada extraviada, que no parecía el mismo. No tuvo parálisis.

Llamó a María del Carmen, que aunque ella iba por las tardes, no se había dado cuenta lo mal que estaba Dimas. Murió de un derrame cerebral

Le pidió que le consiguiera un sacerdote.

María del Carmen vivía en Sierra y Madrid. Alejandro recuerda así a su tía:

María del Carmen me educó en la fe, era muy católica. Yo iba a la escuela de lunes a viernes, en Mercedes, y el viernes me iba para el campo. Ella fue muy importante en mi vida.

Otra tía de Dimas y de Pedro, su padre, su tía abuela a la que llamaban Mamá Tuba, fue la que la crió a la abuela (María Gadea).

El papá de Alejandro, Pedro, no terminó la escuela, lo mandaron a Bs. As. a Lasalle y de allí lo echaron por teñirse el pelo de colorado para burlarse de un pelirrojo. El padre, José Luis Antuña, lo rapó y lo mando para el campo. Dimas iba a la escuela en la que su hermano Pedro se portaba mal y volvía disgustado contando lo que hacía su hermano.

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