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El que Crece

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EL QUE CRECE

PRÓLOGO[1]

UN LIBRO

Propio de la figura de San José ha sido el casi universal desconocimiento de que estuvo rodeado durante muchos siglos. Materialmente ello se justificaría por la reserva de los Evangelios a su respecto; reserva de textos por cierto, que no de sentido. Leclercq anota que “en tanto san Juan Bautista y los Príncipes de los Apóstoles eran magnífica y universalmente celebrados, san José atraía apenas la atención de las muchedumbres cristianas”. Situación que subsiste hasta el siglo IX, aproximadamente, en que hay mención de un culto celebrado por la iglesia griega.

                Con san Jerónimo, empero, los Padres comienzan a definir los atributos del Patriarca fundados en la dignidad eminente de su misión cerca de Nuestro Señor. Les retiene en particular el dictado de JUSTO. Así el Crisóstomo: “Justum hic, in omni virtute dicit esse perfectum”. Pero el desarrollo expreso de las condiciones de la justificación de san José parece reservado a los doctores medievales, singularmente a san Bernardo.

                En virtud de la regla de adecuación de las gracias o carismas al estado en que la Providencia coloca a una criatura, disciernen aquéllos el excelso grado de santidad conferido al que “padre nutricio de N. S. Jesucristo y verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, fue designado por el Eterno Padre, fiel custodio de sus mayores tesoros, a saber, su Hijo y su Esposa”.

                No obstante, la preeminencia litúrgica concedida por la Iglesia a san Juan Bautista, san Bernardo afirma ya que, después de la Virgen Madre, la santa Iglesia debe a san José singular gratitud y reverencia, pues él es “la clave del Antiguo Testamento en quien la dignidad patriarcal y profética obtuvo el prometido fruto, pues fue el único que poseyó corporalmente a aquél que la divina dignación prometió a los santos de la Ley Antigua”. Del “voracísimo” matrimonio de José con María deduce san Bernardino de Siena  que el Espíritu Santo dotó a aquél de virtudes muy semejantes a las de su Esposa; y el abad de Claraval le ve participando en la ciencia de los más secretos designios del  Señor a causa de su familiaridad celestial con el mismo Verbo Encarnado.

                Así, progresivamente, va revelándose a la Iglesia esa figura del invisible Padre. Con todo, la declaración del Patrocinio aparece desproporcionada a la tradición y sólo se la comprende como dictada por una noción profética. Es que, al mediar el siglo  XIX la Iglesia gusta el sabor de amarguras hasta entonces nunca conocidas. El triunfo de la Bestia vislúmbrase inminente. Las almas se preguntan si el sacrificio de la Cruz no ha sido hecho vano por el exceso de la desobediencia. Entonces el Espíritu inspira a la Iglesia el Patrocinio de san José sobre la Iglesia Universal.

                Este misterio lo celebra la Iglesia en la solemnidad de san José, cuyos oficio y misa proclaman el Patrocinio y permiten recibir como verdad común para estos tiempos lo que antes  pudo  no ser sino un vislumbre profético o la certeza íntima de la oración de algún  santo sobre la misión reservada a san José. Se comprende, pues, la tentación vertiginosa que puede tener para un cristiano de ahora el deseo de recoger en pensamiento distinto y formular con razones (así sean tan ingenuas como el  balbuceo de un niño) lo que la Esposa dice de san José al Esposo en el esplendor callado  de la divina liturgia.

                Las grandes líneas del misterio se ofrecen bajo los símbolos de la Historia de José. Leer en esos símbolos la exaltación de san José sobre un Egipto no menor que el mundo; el hambre de la Iglesia oprimida por la apostasía universal de las naciones, y tantos otros misterios que sobre la autoridad de la oración de  la Iglesia pueden ser declarados de san José, es hallar la materia de un libro sublime. ¿Qué hubieran hecho Hello, con aquella intuición que tuvo de la santidad singularísima de san José, o Bloy con su sentido tan hondo de la reprobación del  mundo moderno, si una inspiración los hubiera puesto frente al Patrocinio de San José? Tenemos como un presentimiento del libro que nos hubieran dado. Ahora bien, un libro así, un libro como para regocijar a León Bloy, un libro que enfrenta la misteriosa, la tardía, la terriblemente crepuscular misión de san  José, ha sido escrito. Ha sido escrito entre nosotros, por uno de nosotros. Lo ha escrito Dimas Antuña y el libro se llama “EL QUE CRECE”.

Rodolfo Martínez Espinosa

EL  QUE  CRECE

                                                                                                                            Filius  accrescens  Ioseph[2]

                                                                                                                                       

Argumento.” El que crece” es una meditación acerca del misterio del patrocinio de San José sobre la Iglesia universal[3]. Tiene cinco capítulos. El primero trata de los sueños del Faraón refiriéndolos a la Iglesia. El segundo, de la voz y el silencio con relación al Verbo. El tercero, del heraldo y el mayordomo[4]. Este proceso termina con el patrocinio actual del Patriarca, es decir, con la exaltación de José como misterio de San José (capítulo cuarto), y luego de anunciar el reconocimiento, muestra (capítulo quinto), en los sueños de José, la gloria de San José en Cristo y en la Iglesia.

DURANTE el Oficio, en la Solemnidad de San José, un pobre halló en su corazón estos pensamientos de hambre[5]:

            Venite exsultemus Domino! -¡Venid aclamemos al Señor! [Salmo 94, 1]

Porque Israel amaba a José sobre todos sus hijos por haberlo engendrado en la vejez; porque el Padre sobre todos los Patriarcas ama al último de la Antigua Alianza, hijo de su vejez.

            Jubilemus Deo salutari nostro, demos vítores a Dios nuestro salvador, que guardó esto en silencio; jubilemus ei, vitoriémoslo, por esta gloria que su Dedo nos muestra en la exaltación del antiguo José. Venite, adoremus! ¡Venid, adorémoslo!

            Et procidamus ante Deum, y prosternémonos ante Dios, que declara en figuras cosas nuevas, y lloremos! Porque no puede ser elevado José si no es en Egipto, ni puede haber Egipto que no sea angustia!

            Ploremus coram Domino, lloremos en la presencia del Señor, lloremos el precio enorme de esta gloria…

1

Los sueños del Faraón referidos a la Iglesia

PORQUE vio Faraón este sueño:

Me parecía la ribera del río y que del río subían siete vacas gruesas, de hermosa vista; que despuntaban la hierba. Y subían también del río otras siete vacas, pero feas (nunca vi peores en todo Egipto), las cuales, habiendo devorado a las primeras, quedaron tan escuálidas como antes.

Y me desperté. [6]

            Del tiempo suben las naciones que formaron la Cristiandad, lucias, de hermosa vista; y suben después de ellas las vacas áridas que no comen pasto[7], y destrozan a la  Cristiandad.

            Pero oprimido otra vez del sueño, vi este sueño:

Siete espigas brotaban de una misma caña, llenas y hermosas; otras siete, vacías  y quemadas del solano, nacían después de aquéllas. Y las espigas vacías tragaron a las  llenas.

    

Y vi la plenitud del alma en los siglos de fe; la vi reflorecer al Soplo septiforme, en un solo tallo. Mas hoy la enflaquecen las espigas vacías[8].

He contado a los magos estos sueños y no hay quien los declare[9].

            Pero José dijo a Faraón:

            Los dos sueños son uno. Vienen siete años de grande hartura en la tierra de Egipto... (en la

noche pagana  la mesa puesta del Reino)... y levantarse han tras ellos siete años de hambre, y

será echada en olvido la abundancia pasada, pues, ¿quién recuerda hoy que el hombre ha conocido la plenitud de Cristo, con abundancia y riqueza, cuando los Pastores compelían el mundo a entrar en el convite?

            Y aquella abundancia no se echará de ver a causa del hambre siguiente, la cual será

grandísima . La grandeza de la carestía acabará con la grandeza de la abundancia.

        

            La grandeza de la carestía ha disipado hasta el sabor de aquella abundancia; nuestras almas ignoran qué pan rompieron al mundo los Padres.

         Provea, pues, el Rey, de un hombre industrioso, y hágalo gobernador de la tierra de Egipto. Y la quinta parte de los frutos de los siete años de fertilidad, que  van ya luego a empezar, recójala en graneros. Y enciérrese todo el trigo a  disposición de Faraón, y esté preparado para el hambre venidera que ha de oprimir a Egipto, y no se tajará la tierra con el hambre.

        

       Y no se ha tajado la tierra, pero vivimos, ay, de cosechas pasadas; de una mies  que sembraron con lágrimas  y segaron con gritos de júbilo nuestros santos... Hoy   no desbordan los manípulos. Gracias que esta quinta parte ha sido puesta en  manos de un hombre industrioso, porque Faraón dijo:

            ¿Dónde encontraremos un hombre como éste que tenga en sí el Espíritu de Dios?...Puesto que Dios te ha hecho conocer tales cosas, no hay nadie tan inteligente como tú. Serás sobre mi Casa. Te establezco sobre el país de Egipto.

            Puesto que el Padre te ha hecho conocer al Hijo despojado de su forma de Dios, semejante a un esclavo, no hay nadie tan inteligente como tú. Serás sobre mi Casa. Te establezco sobre la potente Iglesia que asumió las naciones y se ve ahora, cuerpo de Cristo en forma de esclavo, despojada!

            Te establezco sobre la Iglesia Universal, dijo Pio IX[10].

  

Y puso Faraón el anillo en la mano de José, y le hizo subir en su segundo carro, -el primero, hiperdulía.

            Y salió José (el patriarca) para recorrer todo Egipto, -y San José (patrono de la Iglesia) para recorrer una época fangosa.

            Y decían de José: Todo prospera en sus manos.

               “Hace Dios cuanto él le pide como si aún  le estuviera sujeto, revelaba santa Teresa cuando subió del norte la primera  vaca hedionda[11], - “a otros santos parece les dio gracia para socorrer en una necesidad, mas, de éste, tengo experiencia que socorre en todas” [12].

Todo prospera en sus manos.

José guardó en el interior lo que producían los campos.

San José, [guardó] en la oración, obras y pensamientos.

            Porque se hace tarde y está inclinado ya el día.

Puede abrir las  Escrituras el  mismo Cristo, a esta hora los ojos están detenidos[13]. Algunos sienten, es cierto, que les arde el pecho, y hacen fuerza al Viajero[14], pero la muchedumbre ignora su propia miseria: glorifica el trabajo de las manos[15] o desvía el pensamiento, no sea que llegue a oración. Los obreros falsean un instrumento de penitencia; los sabios, uno de contemplación. Nada se guarda en el interior, antes se huelgan todos viendo venir la noche en la que nadie podrá obrar[16].

            Faraón, sin embargo:   -Id a José, haced lo que os diga [Génesis 41, 55].

            Id a San José, haced lo que os dice callando[17].

            Junto al Hijo de Dios y de María, San José contempla y trabaja (y sueña), todo envuelto en silencio.

Id a José:

-Dispensador del pan.

-Maestro de oración.

-Exemplar  opificum, modelo de artesanos[18]

            Nombres que explican el patrocinio porque se ha hecho  tarde[19]. Que si una cosa sola es necesaria[20], no se ha de proteger dos, ni tres… Pero, a esta hora, sin el pan[21] no se descubre a Cristo, y aun viéndole partirlo, es duro entender que desde Moisés y los Profetas se revela, sufriendo[22]. Sólo cuando Él propone su oportuit pati Christum, convenía que el Mesías padeciese,  al pan nuestro de cada día, la Vida reaparece.

            Comer para entender:

            ¡José dispensador del pan, ora pro nobis!

            Entender para obrar:

            ¡José, maestro de oración, ora pro nobis!

            Obrar para comer:

            ¡José, exemplar opificum, ora pro nobis! ¡Modelo de obreros[23], ruega por nosotros!

  

            Este orden esconde a la criatura con Dios en Cristo, y trueca la maldición antigua en bendición: Con el sudor de tu rostro, comerás el pan. [Génesis 3,19]

            Y serán abiertos tus ojos al romperlo[24]. Y si vienes a él amorosamente del pensamiento o del trabajo, te dará paz colmada y el deleite que encierra.

            Cuando Pío X abrió el sagrario[25], las almas recordaron a Pío IX. Había empezado el patrocinio de José en medio del  hambre[26].

2

La voz y el silencio con relación al Verbo

EL HAMBRE y la angustia. Egipto. La Asamblea cristiana acude al Cielo. La Deípara precede a Miguel, Gabriel, Rafael, a todos los ángeles y arcángeles, a todos los órdenes de espíritus. Llegan en seguida todos los santos de la tierra[27], y, delante de todos:

            Sancte Ioannes Baptista

            Sancte Ioseph.

            ¿Son los mayores? 

            Si el Padre los mide en relación a su Palabra, éstos son quienes más se le acercan[28]: el uno es la Voz delante del Verbo, el otro, el Silencio, a su lado.

            Juan es missus a Deo, enviado por Dios, es decir, ángel[29].

            Aparece armado para el mensaje: tiene la pureza que lo da nítida, íntegramente; la voz, clamante quasi tuba, clamorosa casi como una trompeta; el fuego como cauterio; la luz... Brilla de tal manera que algunos lo confunden con la Luz, pero no es él la Luz. Él es pedernal y los corazones todavía son de piedra. Chocan. Prende, arde, salta el espíritu de Elías…

            Mas, al ver a Jesús, aspereza, amenaza y grito se rinden: Juan oye al Esposo, siente abrírsele el pecho y le llama cordero. ¡Qué ternura!

            Juan es mayor que Abraham, mayor que Moisés. Juan es un gigante. Jesús elogió inmensamente a Juan, ¿quién puede ir a su lado? Nadie. Pero va San José. Así los invoca la Iglesia:

            Sancte Ioannes Baptista

            Sancte Ioseph.

            San José no es un enviado, es un olvidado. (Los símbolos de un misterio desentrañan otro). No tiene misión pública; no trae ademán, ni voz, ni fuego. Nadie lo confunde con el que ha de venir. San José es un silencio que espera, tan invisible que algunos lo toman por el invisible Padre: et ipse Iesus putabatur filius Ioseph, y Jesús era tenido por hijo de José…

            San Juan corre y anuncia.

            San José huye, esconde.

            Juan reta.

            José crece…

            Cuando exaltan a Jesús sobre el madero ya han disminuido  a Juan por el hacha, pero, de José, no se ocupan los hombres. No lo conocen. Una sola vez le negaron hospedaje, y no por rechazarlo a él precisamente [Lucas 2, 4-7].

            San Juan y San José van juntos, pero no binos[30].

            Están en relación como la Promesa y la Ley: San Juan en una perspectiva de montañas, San José en la corriente de un río.

            No se oponen.

            Pero no coinciden.

            La cadena de Juan viene del Sinaí, por el Carmelo, hasta el monte Sion; hasta Juan la Ley y los Profetas, es decir, Moisés, el Arca, el Templo, las sinagogas… De repente una garganta parte los montes que la Luz perfila con dureza extraordinaria, y, frente a Juan, Pedro, es decir, La Iglesia, el Reino, la Gracia; montañas hasta el valle del Juicio.

            Juan y Pedro se afrontan al abrir paso públicamente a Jesucristo. Y Juan lo señala:- Ved ahí el Cordero de Dios, mientras Pedro lo entrega desnudo, sin imagen: - Tú eres el Cristo, Hijo de Dios vivo [Mateo 16,16].

            Iacob autem genuit Ioseph, Ioseph filium David. Y Jacob engendró a José, a José hijo de David.[Mateo 1, 16].

            Un río de sangre sale de Abraham que en David es torbellino, en María pureza edénica: desemboca por las Llagas, y el Espíritu regula sus corrientes renovando la faz de la tierra.

            En este río está el Patriarca.

            Hasta San José los patriarcas de la Encarnación; después nos ha nacido un Niño, un Niño nos es dado que se ocupa de las cosas de su Padre. Sed perfectos, dice, como el Padre celestial es perfecto [Mateo 5,28]: sed padres, entienden los patriarcas, como es padre el que está en los cielos. Ya el reino de los cielos no es cuestión de observancias, ni la paternidad simple querer de hombre [Juan 1, 13]: el Padre, revelado, libera a los patriarcas de la carne.

(Lía era de ojos débiles; Raquel, decora facie et venusto aspecto, hermosa de rostro y de aspecto encantador, fue la esposa más amada [Génesis 29, 17-18]. Cuando, después de tener a Dan en sus rodillas, conoció ella misma la gloria de ser madre, exclamó: ¡José! ¿Voz de alusión a “quitó” [31],  “añadió” [32],- quitó mi oprobio de estéril, añadió mi honra?...)

            José en la línea de los patriarcas dice: Quitó la servidumbre de la carne, añadió  fecundidad al espíritu, y por eso es Lumen patriarcharum, Luz de los patriarcas.

            Los de la Antigua Alianza suben hacia él como la savia al fruto santo que él protege.

¡O delicem virum, beatum Ioseph! ¡Oh, varón deleitoso, bienaventurado José! porque Abraham e Isaac y Jacob quisieron ver y no vieron, porque el rey David y muchos reyes quisieron  oír y no oyeron a ese Niño! [Lucas 10, 24].

            Y los patriarcas de la Nueva Alianza, Benito, Domingo, Francisco , (vírgenes todos, custodios de vírgenes) saben también de este santo a quien no sólo fue dado ver y oír al Niño, y vestirlo, y guardarlo, sino hasta besarlo, porque la vida de éstos fue oración, es decir, el beso de su boca.

            ¡Besad al Hijo[33], dicen a sus Órdenes, no sea que perezcáis del camino justo! Cuando se enardezca su ira, cuando vuelva, bienaventurados los que hayan recibido su paz…

            ¡Bienaventurados los patriarcas que huyeron (de Sodoma, y de Herodes, y del Mundo) para besar al Hijo! ¡Bienaventurados los patriarcas de la Encarnación, hasta San José!

            ¡Bienaventurados los patriarcas del Advenimiento, después de San José!

            “Que es una cosa sobrenatural, es un ponerse el alma en paz o ponerla el Señor con su presencia, por mejor decir, como hizo al justo Simeón, porque todas las potencias sosiegan; entiende el alma que está ya junto, cabe su Dios, que, con poquito más llegará a estar hecha una misma cosa con él, esto no porque lo vea con los ojos! Tampoco no veía el justo Simeón más del glorioso Niño pobrecito que, en lo que llevaba envuelto y la poca gente con él que iba en la procesión, pudiera tomarlo por hijo de gente pobre y no del Padre celestial. Más dióselo el mismo Niño a entender [Lucas 2, 25-35]…”[34].

            Ahora bien, de cómo San José tenga el carácter de los patriarcas del Nuevo Testamento cuando recibe en sus brazos al que desearon los del Antiguo, sólo el glorioso Niño pobrecito puede darlo a entender cuando el alma está ya junto, cabe su Dios, que, con poquito más… Pero esto ni lo ven los ojos, ni lo razona el discurso.

  Y así nos alejamos del Bautista, en cierto modo, y el ministerio de la Voz decrece a medida que progresa en el alma el Verbo: esta sola Palabra que habló el Padre habla siempre en eterno silencio, y  en silencio ha de ser oída del alma[35].

            San Juan prepara los caminos; se afana, Marta, solícita.

            San José es el guardián de María.

            No se oponen.

            Pero no coinciden.

            Y van juntos el Patriarca y el Bautista.

            Pero como la Promesa y la Ley.

Y cuando entran al misterio de la Iglesia, Juan es heraldo que anuncia las conquistas; José, mayordomo, salvador de la Casa que perece[36].

                                            

3

El heraldo y el mayordomo

Y oí que uno de los cuatro decía con voz de trueno:

            _Ven, y verás.

            Y miré.

            Y vi un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él tenía un arco, y le fue dado una  

corona , y salió victorioso para vencer nuevamente [Apocalipsis 6, 1-2].

         Su Padre le  había dicho: Pídeme y te daré las naciones [Salmo 2,8].

            La Iglesia, de piedra[37], exclusiva, lograba crearle un mundo que no contristara su Espíritu.

            ¡Oh Edad  sublime! No había nacido aún la raza prudente; no se pecaba, como ahora, contra el discernimiento[38]...  Celebraban entonces dos Noches Buenas: una, la del Niño, otra para San Juan Bautista. Pues al Fiel y Verídico, al que venía sentado sobre el caballo blanco, el Señor le había dicho, de Juan: - He ahí que lo envío delante  de ti como un ángel.

            Y la Voz iba delante del Verbo, y  el Verbo crecía de muchos modos en aquel mundo ordenado. Ya era el pensamiento que buscaba imprimir el Logos  en el alma, ya la contemplación que moría de inteligencia amorosa ante las hermosuras de santidad en que se oye:-Eres mi Hijo, hoy te engendro [Salmo 2,7].

            De la matriz del alba venía rocío de juventud para aquellos pueblos nacidos del agua y del Espíritu [Juan 3, 5], cuyo movimiento hacia Dios enlazaba la liturgia a la corona del año.

            Y cuando fue más patética la victoria del Verbo de Dios sobre los dioses y los hombres, cuando Rey de los Reyes y Señor de los Señores [1ª Timoteo 6, 15] veía que San Gregorio VII ponía a sus enemigos por escabel de sus pies [Salmo 110, 1], una gran voz proclamaba:

            -¡Ahora se ha cumplido la salud y la fuerza, ahora ha sido establecido el Reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo! [Apocalipsis 12, 10]

            Y esa voz era Juan.

            Pero se hizo luego en el cielo un silencio, casi por media hora [Apocalipsis 8,1].

  

            Y llegó el Renacimiento.

            Y en esa orgía la vida moderna danzó y agradó, y, prevenida por la vieja ramera pagana su madre, le exigió al que acababa de ser desatado: Domine mi rex, da mihi in disco caput Ioannis,  Señor mi rey, dame en una bandeja la cabeza de Juan[39].

            Desde entonces nadie oye a nadie pero todos hablan. A los clamores de la Desobediencia, a quien fue dado una boca grandilocuente, han sucedido ruidos de usina, chirriar de máquinas. Ya no queda desierto para  la Voz clamante: sólo hay lugares áridos que habitan los rectores hujus mundi, los príncipes de este mundo, ¡y con qué precisión cruel, con qué lucidez terrible, con qué eficacia de engaño lo conducen!...Han organizado contra el alma toda la naturaleza  y toda la materia. Rayan esta hora con un ritmo estridente. ¡A ellos el Poder (por un poco de tiempo), a ellos la plaza de la gran ciudad llamada en espíritu Sodoma y Egipto![40]

            Pero José guardó en el interior lo que producían los campos, y san José, en el silencio, la voz antigua de Juan.

            La impureza y el hambre oprimen  a la Iglesia, y Faraón dice: -Id a José.

            Porque la fe entra por el oído [Romanos 10,17] y sólo en el silencio interior del Patriarca se puede oír, a esta hora, la Palabra.

            La derrota ladeó al Heraldo[41].

            El hambre trajo al Mayordomo[42].

            Es explicable que la liturgia victoriosa del Bautista haya cedido a la del salvador José. Es explicable también que el Silencio, (que para  Santa Teresa o  San Juan de la Cruz era una cima, un progresar del alma en el Verbo), en el barullo rechinante que nos lleva, resulta cosa diferente. Hoy es un pre-requisito de la vida, un extremo de la Misericordia que asiste al nacimiento doloroso como asistió, en Belén, al gozoso.

            ¡Sancte Ioseph, terror daemonum! ¡San José, terror de los demonios! murmura en los dolores por parir, la madre Iglesia, cercada brutalmente del dragón cuya cola barre, desde Lutero, a la tercera parte de la Cristiandad [Apocalipsis 12,4].

4

El patrocinio actual del Patriarca,

La exaltación de José como misterio de San José

YAMABA Israel a José sobre todos sus hijos por haberlo engendrado en la vejez, y le hizo una túnica de zarzahán.

            José era hermoso de rostro y de aspecto bello.

            Sus hermanos decían:- Mirad, el soñador…, con ahogos de odio, y, aunque Rubén los calmaba, llegó a ellos y le desnudaron de la túnica talar, y de la de varios colores, y le echaron en una cisterna vieja.

            En esta venganza tan baja hay un ¡Eli, Eli! Que gime. Sofocado por la satisfacción de los bellacos: ¡A ver si los sueños lo salvan!...

Más tarde, Faraón de Egipto puso su anillo en la mano de José. Y le vistió una túnica de lino, finísima. Y le puso, alrededor del cuello, un collar de oro.

            Guardémonos, sin embargo, de manosear estos símbolos, no sea que huya el Espíritu.

            Es lícito, a los hijos, sacar del tesoro del Padre cosas viejas y nuevas.

            Pero guardémonos de manosear estos símbolos que son luz del alma.

            No sea que huya, el Espíritu.

            La aljuba[43] de José manchada (o purificada) con sangre, se trocó en estola. Tenía lizos[44] de una elección contra la cual no pueden los hombres[45].

            Todo esto encubre realidades para las que falta, comúnmente, el lenguaje.

            Aun cuando San José, hermoso de belleza pura y predilecto del Padre, lleve la túnica polymita[46]; aun cuando en el matrimonio espiritual, por ministerio del silencio, el alma lo vea con la stola byssina [1º Crónicas 15, 27], como ve, a la Reina, in vestito deaurato, vestida de dorado; aun cuando el mundo moderno cayendo sicut fulgur, como rayo[47] del cielo de este Oficio[48] explique el Patrocinio ( pues su prodigioso brillo sensible enmascara tinieblas, como Egipto, y da en sombras de muerte) ninguna de estas luces trae el día.

            José queda en su noche prefigurando a San José.

            ¿Qué significa el anillo? ¿Qué verá mañana algún santo en el collar de oro? ¿A qué corresponde en el esposo de María la copa en que bebe el Soñador y en la que suele adivinar?...

            El ángel (que ve el rostro del Padre mientras nuestra miseria gime en la salmodia) recibe de ese Rostro, como inteligibles, lo que el Espíritu nos muestra como símbolos [Mt18,10]. ¡Niños de poca esperanza, dice el ángel, a qué tanta impaciencia? ¿queréis entrar en la Sabiduría y saber de su juego riguroso sin morir?

            ¡Ah, pongámonos de acecho en los postigos de su puerta![49]

            Ludens in orbe terrarum, jugando por el orbe de la tierra, distiende o comprime los siglos: mil años, para Ella, son un día.

            Mas no rechaza a los hijos de los hombres.

            Ella es la consonancia del Abismo que asiste a los pensamientos justos: pongámonos de acecho.

            Como los Padres que abrieron con indecible pureza los Textos santos, postigos de su puerta.

            Los Padres sabían distinguir en estas Letras el hecho del relato[50] que de él hace el Espíritu, percibiendo en ambos el estilo de la Sabiduría. Y entendían así que si dos realidades concuerdan, es lícito a la razón humana, porque es digno de la Razón divina, concluir en el dominio espiritual lo que el Espíritu enseña en la figura.

            Y si lo que culmina en la historia de José (para discurrir como aquellos hombres divinos) no es el ¡Abrech![51] (como en el triunfo de Mardoqueo el Hoc honore condignus est…, digno es de este honor, reservando a Esther lo más  alto [Ester 8]), Faraón sólo estuvo en el consejo para cimentar un designio.

            Y si no fue la crisis de ese drama la humildad de José levantada sobre el carro, sino sus lágrimas y aquel momento sublime cuando alzó la voz con llanto[52], predicar del esposo de María un encuentro parecido – que corone esta gloria en aquel excesivo terror y aquel suave ¡Llegaos a mí! del Reconocimiento[53] – será justo.

            Tomemos, pues, libremente, del tesoro del Padre.

            Mi delicia, dice la Sabiduría, es con los hijos [Proverbios 8, 31), y no los llamaré sirvientes, sino amigos, porque les doy a conocer lo que oigo de mi Padre. [Juan15, 15]

            El padre guardó aquello en silencio.

            Mas, es lícito a los hijos de la libre [Gálatas 4,31], tomar del silencio del Padre cosas nuevas [Mateo 13, 52].

            Pues como sus hermanos morasen en Siquem, el Padre les envió a su Hijo, Israel les envió a José[54]. Y sus hermanos luego que lo vieron de lejos, antes de que se acercase a ellos, pensaron en matarle.

            Y José dijo en Siquem: Busco a mis hermanos. Y agregó, más tarde, en Siquem: Mi Padre busca adoradores [Juan 4,23-24].

            Esto lo dijo a la hora meridiana, cansado del camino[55] porque habían caminado en pos de sus hermanos que se preguntaban con ira: ¿quedaremos sujetos a su vara? ¿será él acaso, nuestro Rey? [Génesis 37, 8] ¡Matémoslo, y así lo salven sus sueños!

            Pero Judá los aquietaba: ¿Qué provecho sacaremos con matarlo? Mejor será venderlo.

            Y lo vendió Judá por veinte monedas, y Judas logró venderlo por treinta, para que no dominara sobre ellos.

            Esta figura, de Siquem a Egipto, consumará los siglos al realizarse por entero. Mitad de ella ha sido cumplida, pues la entrega de Judas es riqueza del mundo. Mitad llega oscuramente.

            Y como Josué reproduce a José antes de que llegue San José; como Juan renueva a Elías antes de señalar a Jesús… O como la carrera del Precursor anuncia al Verbo de Dios victorioso en la noche pagana, la Exaltación repercute en el Patrocinio, y San José es manifestado José.

            No José vendido, que la Pasión agotó esa figura, sino exaltado: San José toma la historia del Génesis donde la dejó el beso de Judas.

            Y así crece.

            Sus hermanos que viven sin rey y sin jefe, sin ephod y sin teraphines, sin sacrificio y sin altar[56], no saben nada de él, y él es señor de la Casa adonde ellos vendrán buscando trigo.

            Porque los hijos de Israel se convertirán, y buscarán de nuevo al Señor su Dios, y a David su Rey, y se acercarán con temor al Señor y a su Bondad, según vaticina el Espíritu por Oseas profeta, para ese día que ni los ángeles conocen, día que, lejos, cerca, Dios sabe, será el fin de los tiempos[57].

  

            ¿Pero no decís vosotros que aún hay cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: ¡Alzad los ojos! [Juan 4, 35]

            Esto decía Jesús, cansado del camino, en el campo que dio Jacob a José su hijo, cerca de la fuente donde bebió el Patriarca.

            ¡Alzad los ojos y mirad el campo, vosotros que decís: ¡Hay aún cuatro meses! Porque os digo que está para segarse.

            Alzad los ojos que cuando vuelva Israel de su deicidio, y se convierta al Señor, y busque de nuevo su Bondad, no será Faraón solamente quien diga a su pueblo: ¡Id a José!, porque Jacob increpará a las tribus: ¿qué os estáis mirando unos a otros? ¿no sabéis que se vende trigo en Egipto?

            Y aquel que ha sido hecho como Padre de Faraón y señor de su Casa, preguntará a sus hermanos, con lágrimas: ¿Vive mi padre todavía?

            Vive. Porque la palabra del Señor permanece eternamente [1ª Pedro 1, 25] y son sin arrepentimiento sus promesas.

            Y dirá el Patriarca: Anunciad a Israel toda mi gloria, apresuraos que ya el fin de los tiempos está cerca, y traédmelo. Venga todo mi pueblo que yo le daré los bienes de la Iglesia, el meollo olvidado y la sustancia mística del Monte.

            Y como despertando de un  profundo sueño romperá Israel la venda que lo ciega.

            Y conducido por San José lo verán asentarse a la mesa de sus padres Abraham e Isaac y Jacob.

            Y dirá este Mayordomo justo, para cumplir las Escrituras: - Poned panes…[58]

            Y comiendo, y bebiendo, embriagados todos, caerá sobre ellos el Espíritu.

                                                         

5

La gloria de San José en Cristo y en la Iglesia

prefigurados en los sueños de José

CAERÁ, sobre ellos, el Espíritu.

            Aquí expira el pensamiento.

            Se ve el Iris resplandeciente, rodeado de relámpagos, ni lejos, ni cerca[59]. Se ve el Iris. Los ángeles mismos no saben la hora [Mateo 24, 36].

            ¡Feliz Adán que arrojaba palabras de inteligencia a los vivientes! ¡Feliz quién pudiera decir José fuera de todo lenguaje, en el éxtasis de lo que esperamos!

            La correspondencia esencial entre el Nombre  el Patriarca haría caer los símbolos: El pobre hallaría en su corazón, no ya estos pensamientos de hambre, sino de Reino.

            Pero después de la Caída del hombre se ha dormido tan grosera, tan pesadamente, que, para hacerle entender el misterio de su amado, el Pastor (que guía  velut ovem, Ioseph; como José a la oveja), le hace ver estos sueños:

            Parecíame que estábamos atando gavillas y como que mi gavilla se levantaba y se tenía derecha, y que vuestras gavillas (que estaban alrededor) adoraban a mi gavilla. [Génesis 37, 7]

            Es el triunfo en Egipto.

            Dominó así, por el trigo.

Y luego:

            He visto en el sueño como que el sol, la luna y once estrellas me adoraban. [Génesis 37, 9-10]

            Es el  misterio espiritual.

            Cuando Jacob lo bendijo se inclinaron ante José, desde la plenitud de los tiempos, el Sol, la Luna, los Once. Dependieron de José, Jesús, María, la Iglesia, y la posteridad prometida a Abraham (apartando para otros su muchedumbre de polvo árido y arenas) echó sobre este justo su porción estelar.

            Pero el Salvador no recibe su gloria sin haber conocido, antes, la Cruz.

            Así, Israel bendijo a Efraím que estaba a su izquierda, y a Manassés  que estaba a su derecha, trocadas las manos, presentando la cruz a José [Génesis 48].

            Y  José no dijo al verla: Padre, traspasa de mí este cáliz, pero intentó alzar la mano derecha de Israel, rogándole: Padre, no conviene así…

            Lo sé, hijo mío, lo sé, respondía Jacob. Pero estos niños simbolizan a los pueblos que la Cruz  divide, y yo no puedo  deshacer este misterio. Los millares de Manassés van a olvidarse obstinadamente  de su Dios mientras las muchedumbres de Efraím serán enriquecidas…. ¡Oh Efraím, casco de su cabeza, fuerza militante del que saldrá de mi muslo! Déjame hacer, hijo mío, ya ves que estoy muriéndome...  nadie  quitará las primicias a Israel, pero, la plenitud, irá a las Gentes.

            ¡Oh fuerza de la Cruz! Sin su distensión divina el crecimiento del Patriarca habría llegado a la posesión de unas tierras conquistadas por Jacob al Amorreo con la espada en el arca. Mas, no consiguió José levantar la derecha de su padre, la Cruz le fue impuesta, y por ella podemos decir José fuera de todo lenguaje, José en espíritu de inteligencia: consonancia esencial entre el Nombre y el Patriarca que traslada, misteriosamente, los dos sueños.

            Pues reaparece  José, hijo de Jacob, hijo ya de David, con todos los símbolos de su Nombre:

Le obedecen el Sol y la Luna; las estrellas le avisan de una siega repentina, antes de que caigan las gavillas nuevas en Belén, porque está escrito que él debe salvar la suya, que es de trigo eucarístico, y tenerla derecha para que  tus Inocentes, oh Israel, la adoren [Mateo 2, 13-15].

            Pero mientras en Egipto el cielo y la tierra estaban separados, y una era la promesa y otro el ministerio, aquí los astros y el trigo van en manos del Patriarca, y promesa y ministerio coinciden.

            ¡Contraste de la luz y la noche! Como a los pastores de Belén, la claridad de Dios cerca de resplandores a José, y vemos en ellos que era hermoso porque lucía en la cara la paz de su silencio; que su aspecto era bello por algo tan callado como el pudor de sus lágrimas, y hasta penetramos lo que pensó, desnudo, en la cisterna.

            No obstante, con traer la agonía de San José (porque ésa fue su agonía), el evangelista no consigna su muerte.

            Ya estaba escrito, del justo: Entrarás con abundancia en el sepulcro, como se encierra el montón de trigo a su tiempo. [Job 5, 26]

            Y  ya había sido revelado, de José, que sus huesos profetizan. [Ezequiel 37, 4]

            Ahora profetizan. Cuando los clamores de la Desobediencia ahogan la voz de Juan, el Espíritu, que los visita, inspira esta manifestación a la Iglesia.

            En pleno triunfo de Pascua se oye la voz distinta del Maestro…

  

            -¿Habéis oído que José dijo a Faraón los dos sueños son uno? Pues yo os digo que los dos patriarcas son uno, y       que yo soy José. Yo soy el que crece en mi abuelo, yo soy el que salva en mi padre. Decidme, ¿cómo leéis las Escrituras que ya no os hablan de Mí? ¡Pobre descendencia de los santos Patriarcas!  Yo os di a Simón convertido en piedra para que tuvierais donde reclinar la cabeza, para que el verdadero Israel  viera en sueños la escala; pero vosotros halláis duro ese regazo, preferís otras almohadas…Ciegos, que no veis a mi siervo José  que os da el pan de cada día al inclinarse el día, ni veis a mi siervo Josué que ha parado el Sol y la Luna! Mi madre y yo estamos suspensos, sujetos a José una vez más, inclinados en un deseo ardiente de iluminar  vuestra lucha, pero, dentro de vosotros, el reino de los cielos ya no sufre violencia. ¡Prudentes,  ay de vosotros! Porque llega el día en que todas las figuras quedarán consumadas y entonces me veréis in brachio extento pediros cuenta de esta hora.[Mateo 25, 31} Sabréis entonces (pero ya no habrá Tiempo, sino Fuego), que Efraím  es mío y mío Manasés[Salmo 60, 9]  ; que la gloria de José mi abuelo es haberme dado esos innumerables dos hijos que mi cruz divide todavía y la gloria de José mi padre haberlos reunidos con gran misericordia…

            ¡Abrech!, gritaba el pregonero.

            ¡De rodillas! ¡Doblemos las rodillas! [Salmo 95, 6]

           

            Digamos Su nombre en espíritu de inteligencia:

   IOSEPH, id est, IESUS. JOSÉ, es decir, Jesús.

DE LA BENDICIÓN  de Jacob, de la bendición de Moisés, del Niño que llamó padre a San José, del Espíritu que lo llama justo:

            ¡Oh San José, hijo que crece, retoño de árbol fértil, sus ramos se lanzan por arriba del muro, su lozanía católica va más allá del tiempo: a su sombra los frutos que producen el Sol y la Luna…

            Para  ti, que  le devolverás a Israel, las bendiciones del Padre: para ti las bendiciones de la Iglesia, bendiciones “de vulva materna”[60], de seno materno; bendiciones de pechos que alimentan el mundo.

            ¡Oh San José, hijo que crece!

            ¡Retoño de árbol fértil!

UN POBRE halló en su corazón estos pensamientos de hambre, durante el Oficio, en la Solemnidad de San José, el año santo de 1925.


[1]Anteponemos a modo de prólogo la nota bibliográfica que le dedica a El que crece Rodolfo Martínez Espinosa, en la revista Número Nº 13, Enero 1931 p. 8. Un aviso en la misma página publicita la obra en estos términos: EL QUE CRECE - Por Dimas Antuña - Precio: diez pesos - Impresión en París bajo la dirección artística de Héctor Basaldúa - Editado por “Número” Pedidos a esta revista. Sobre Rodolfo Martínez  Espinosa ofrecemos una breve información en el Anexo final.

[2] Hijo que crece es José: Génesis 49, 22 traducido así por la vulgata. Según otra traducción del hebreo: Ramo, brote, retoño fecundo es José. Dimas encabeza su obra con este texto porque lo encuentra, probablemente, como antífona del primer salmo de los Laudes en el Oficio de la Solemnidad del 19 de marzo de 1925.

[3] José Luis – Dimas – Antuña escribe estas cinco meditaciones en la Solemnidad de San José, a los treinta y un años de edad. Le fueron inspiradas durante la celebración de los oficios litúrgicos de esa solemnidad. Las hace imprimir en 1929 en París como libro en una edición limitada fuera de comercio con ilustraciones de Héctor Basaldúa; y presentado por Rodolfo Martínez Espinosa en la revista Número. Dimas lo re-publica en El Testimonio (1947) que es la antología de sus escritos más queridos. El que crece, está sembrado de reminiscencias bíblicas y citas bíblicas en latín. Al republicarlo hoy, pareció aconsejable munirlo de notas para hacerlo más accesible a un público más amplio y para facilitar su lectura, que de otro modo puede resultar demasiado densa y quizás críptica o enigmática. Con ese mismo fin, junto a los textos que el autor cita en latín hemos agregado, inmediatamente a continuación la traducción en castellano con el fin de reducir el número de las ya numerosas notas al pie que esta edición exige.

[4]San Juan Bautista y San José respectivamente

[5] Hambre por escasez eucarística como se verá.

[6] Véase la historia del patriarca José en Génesis capítulos 37 al 50 inclusive. Dimas Antuña medita la historia del patriarca José como un arquetipo de la historia de San José. La aplica al estado de la Iglesia que ve ante sí como paralela a los siete años de escasez y hambre en Egipto. Esos son los “pensamientos de hambre” que Dimas “un pobre” encuentra en sí, sugeridos por los siete años de hambre en la historia del Patriarca José.

[7]Se abstienen de la Eucaristía. Ya sea las denominaciones que tienen su origen en la Reforma ya sea, en el mundo católico de la época, una apostasía eucarística numéricamente creciente que Dimas percibe y deplora.

[8]Compara los dos períodos de siete años en Egipto con el pasado eclesial de abundancia y un hoy en que Dimas ya percibe la escasez que no dejará de agudizarse hasta su muerte.Va quedando claro el sentido de la frase inicial: Pensamientos de hambre: El patriarca José salvó a Egipto de siete años de hambre. Dimas Antuña lee esa historia, y la aplica a la misión de San José en el Nuevo Testamento y en la Iglesia. Dimas detecta en su época, una escasez del pan eucarístico bien celebrado y bien  recibido. Enuncia así desde el principio de estas meditaciones – y en este caso de esta primera – una clave rectora para entenderlas. Su significado surge del paralelismo entre el patriarca José como ministro en Egipto y San José como patrono de la Iglesia Universal. Nos da acceso al pensamiento de Dimas un breve artículo de 1931 titulado Calix en el que luego de explicar la arquitectura de la Misa solemne, le recomienda a quien quiera entenderla y vivirla cabalmente, que asista “diariamente a la misa cantada de la Capilla benedictina del Santo Cristo, única – la cursiva es nuestra – iglesia de Buenos Aires donde florece la dignidad de la divina liturgia” (Revista Número Nº 23 y 24 [Diciembre 1931] cita en pág. 83).

Los pensamientos de hambre se los sugiere a Dimas este “tiempo de escasez” de celebraciones eucarísticas plenamente acordes con la dignidad del Pan divino. Dimas deplora este mal. Y a esta luz, Dimas se vuelve a san José Patrono de la Iglesia Universal como al responsable de esta tarea ante la decadencia de la fe eucarística y basa su esperanza en la relación de entre el san José Patrono de la Iglesia y el Patriarca José, abocado a los siete años de escasez de trigo en Egipto.

[9]José Luis – Dimas – Antuña se ve a sí mismo en relación con el Patriarca José y con San José, en virtud del patronazgo que le une a ellos, puesto que ha recibido ese mismo nombre en la pila bautismal. Nomen est omen = El nombre es un designio, un destino. Él se implica en el relato bíblico mediante sus pensamientos de hambre. En otro breve escrito se considera feliz por haber descubierto a San José: “Feliz el hombre que encontró a San José”.

[10] Pío IX declaró a San José Patrono de la Iglesia Universal, Decreto Quemadmodum Deus, 8-XII-1870; Carta Apostólica Inclytum Patriarcam, 7-VII-1871

[11]Alusión a la Reforma protestante

[12]Resume el pensamiento de la Santa: “quiere el Señor darnos a entender, que así como le estuvo sometido en la tierra, pues como tenía nombre de padre, siendo custodio, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide” (Vida, cap. 6).

[13] Es el ocaso, la caída del día, la venida de la noche. Ya puede venir Cristo mismo a explicarnos las Escrituras a nosotros hoy, en “esta hora” de la Iglesia a la que se refiere Dimas y experimenta como hora de ceguera y sordera de muchos. Los discípulos de Emaús, percibieron. Los católicos hoy no perciben. Volverá a referirse al tiempo en que escribe como “esta hora” esta noche.

[14] Sigue aludiendo a la historia de los discípulos de Emaús Lucas 24, 30-32

[15]No a Dios en sus obras, sino a sí mismos en las propias

[16]Es el dictamen que le merece a Dimas el estado del pueblo católico que ve a su alrededor, sumido en la insensibilidad y la tibieza tanto en la acción como en el pensamiento

[17]El “pobre” – Dimas – medita cómo San José habla con su silencio, pues el Nuevo Testamento no contiene ninguna palabra suya sino sólo sus hechos.

[18]Tres cosas que San José hace en silencio, hablándonos con sus obras y que prescribe a los que acudan a Él obedientes el “Id a José”

[19]Lucas 24, 29 “quédate con nosotros porque anochece” El patrocinio de San José sobre la Iglesia se debe a que Pío IX lo invocó en la noche de la Iglesia, en la caída del sol y el  advenimiento de la noche sobre los  tiempos de la Iglesia y necesitaba la presencia y asistencia del Resucitado y que les partiese el pan.

[20]Lucas 10, 42

[21]Esta hora, de nuevo, es decir la hora  de la Iglesia en la que “el pobre” ve caer la tarde y oscurecer y en la que la Eucaristía, la Misa es más necesaria que nunca

[22] No se entiende, lamenta, que para ellos y para ahora, el principal hacer es el padecer. Pero eso es lo que “a esta hora” no  entiende “la muchedumbre”

[23]Alusión a los obreros llamados a trabajar en la vid en esta hora que el pobre interpreta como la última hora de la tarde  Mateo 20, 1-6

[24] Así como a los discípulos de Emaús así también en la celebración de la Misa

[25] San Pío X, por el decreto Quam Singulari del 8 de agosto de 1910 urgió y allanó el camino para dar la comunión a los niños antes de una catequesis extensa, bastando la sola capacidad de distinguir un pan de otro y la presencia de Jesucristo en la Hostia consagrada. En la noche espiritual y del hambre espiritual, San José obra su patrocinio dando el pan eucarístico a los niños

[26] Hambre y angustia de los fieles que acuden a la Eucaristía en una situación egipcíaca, a pedir pan y paz. Los fieles invocan a los santos mediante las letanías que se recitan en tiempos de hambres, pestes, guerras, angustias.

[27]Alusión descriptiva a las rogativas con las Letanías. Los fieles invocan a los santos mediante las letanías que se recitan en tiempos de hambres, pestes, guerras, angustias. Aquí se presentan como acudiendo en un desfile ordenado.

[28]La Jerarquía de los santos la establece la relación con el Hijo, el Verbo, su cercanía, su semejanza, etc.

[29]Ángel – en hebreo maláq – significa eso: enviado.

[30]No son un par, son dispares. Dimas procede a contemplar la identidad de José por comparación con la de san Juan Bautista. De hecho, la misión de San Juan Bautista fue “ocasional”, histórica puntual. La de San José, no tiene fin. Continúa acompañando al Verbo como un silencio pero que da crecimiento, da pan, alimenta.

[31] Génesis 30, 22-24. Quitó: en hebreo ‘asaf, recogió, retiró, quitó mi oprobio

[32] Yosef: Derivado de raíz hebrea yasáf, que encierra la idea de aumentar, agregar, desplegar, crecer. La forma verbal causativa (hifil) yosef significa: acreciente, aumente, agregue, haga crecer. Raquel lo llama así a su hijo, como diciendo: añáda él, es decir el Señor, otro hijo. Se relaciona así con la raíz latina “augere”, aumentar, de donde proviene la “auctoritas” cualidad del padre cuya misión es hacer crecer a los hijos y hacerlos hombres.

[33]Salmo 2, 12

[34]Sta. Teresa de Ávila, Camino de Perfección, Cap. 31, 1.

[35] Alusión a un comentario de san Juan de la Cruz a Hebreos 1, 1-2, “Da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él [en el Hijo Jesucristo] todo, dándonos al Todo, que es su Hijo” [Subida al Monte Carmelo, Libro 2, cap. 22, 3]. Así pues, Dimas, considera que el silencio de José acompaña el hablar del Hijo. San José a sí mismo en Jesús, de manera análoga a como Dios Padre a sí mismo en su Hijo.

[36]Aquí culmina el razonamiento de este segundo número, conciliando el silencio y la acción de José Patrono de la Iglesia, invocado en los tiempos de hambres y angustias de la Iglesia, de la que es Patrono universal y Protector silencioso.

[37]La Iglesia medieval, de las catedrales, previa al Renacimiento.

[38]Dimas intercala, como se ve, este tipo de lamentaciones proféticas sobre el estado del ambiente católico en el que vive y por el  que sufre. Pero no son invención suya. Dimas mira el mundo en que vive con los ojos de la encíclica Pascendi de san Pío X, el Papa de su niñez en el colegio de la Sagrada Familia. Pero también con los ojos de Pío XI que en diciembre de 1922, en su Encíclica Ubi Arcano sobre La Paz en el Reino de Cristo, comprueba que muchos “que profesan seguir las doctrinas católicas en todo lo que se refiere a la autoridad en la ley civil y el respeto que merecen […] sin embargo esos mismos en sus conversaciones y en sus escritos […] prescinden de las enseñanzas de León XIII, Pío X y Benedicto XV como si hubieran perdido su fuerza primitiva o hubiesen caído en desuso […] en lo cual es preciso reconocer una especie de modernismo moral, jurídico y social, que reprobamos con toda energía a una con aquel modernismo dogmático” (Ubi Arcano 19). En diciembre de 1925, como una confirmación de lo escrito por Dimas en marzo de ese mismo año, Pío XI publica su Encíclica Quas Primas sobre la realeza de Jesucristo mediante la que se opone a ese modernismo moral, jurídico y social, interno a la Iglesia, mientras se agigantan fuera de ella, entre dos guerras, las tormentas de la revolución soviética, la persecución mexicana y se avizora la española, surgen estados totalitarios etc. etc. Como una confirmación de la doctrina expuesta en Quas Primas, “Viva Cristo Rey” es el grito que el Espíritu Santo pone en la boca de muchísimos mártires de esos años, notoriamente los mexicanos y españoles.

[39] Marcos 6,21-28

[40]Dimas se expresa, como los profetas bíblicos, con palabras restallantes como látigos contra los males de su tiempo. Pero, como queda dicho, el suyo es el mismo lenguaje de los Papas León XIII, Pío X, Pío XI. La encíclica Quas Primas de Pío XI promulgada en diciembre de 1925, nueve meses después El que crece, corrobora la visión de Dimas y se expresa en términos aún más directos y fuertes.

[41]San Juan Bautista

[42]San José

[43] Túnica enteriza ceñida en la cintura, abotonada, con mangas y con falda por lo general hasta las rodillas

[44] Hilo fuerte que sirve de urdimbre para algunas telas.

[45]Es decir, la tela de esta túnica estaba entretejida en un telar misterioso de la divina Providencia.

[46]Tejida con hilos de varios colores

[47]Así es como se precipita Satanás desde las alturas celestiales según Jesucristo lo ve y exclama (Lucas 10, 18).

[48] Del cielo de este Oficio: se refiere al origen de estos pensamiento en el Oficio litúrgico de la Solemnidad del Patrocinio de San José, como de una fuente celestial de su inspiración. El mundo no puede explicar estos misteriosas significaciones de los hechos de la vida del Patriarca José, como tipo de San José protector de la Iglesia.

[49] En este pasaje Dimas alude a dichos de la Sabiduría en el poema sapiencial de Proverbios 8. En la traducción de Scio de San Miguel se lee: “Bienaventurado el hombre que me oye, y que vela a mis puertas cada día, y está de acecho en los postigos de mi puerta” (Proverbios 8, 34).

[50]Distinguir el hecho del relato: en la Sagrada Escritura los hechos mismos tienen significados que los exceden. Así lo enseña San Pablo, por ejemplo, en 1ª Corintios 10, 6: Estas cosas sucedieron en figura de nosotros.

[51]Palabra egipcia que expresa la dignidad, autoridad y plenos poderes que el Faraón le confiere al patriarca José para su misión en Egipto (Génesis 41,43)

[52]Cuando se da a reconocer a sus hermanos en Génesis 45, 1-15 y les explica el sentido providencial de lo que antes hicieran con él, eximiéndolos de culpa y perdonándolos.

[53]Del darse a conocer a sus hermanos y ser reconocido por ellos en pasaje citado.

[54]Dimas aplica esta norma de interpretación bíblica. De acuerdo a ella ve el envío de José por su padre a sus hermanos – que pastoreaban en Siquem (Génesis 37, 12-14) – como prefiguración del envío al mundo del Unigénito por su Padre (Juan 3, 16).

Todo el pasaje siguiente se va a construir sobre esta tipología de José – Jesús.

[55] Alusión a Jesús en Juan 4,6 razonando desde el Antitipo e infiriendo lo que debió suceder con el Tipo.

[56]Así lo había profetizado Oseas 3, 4. Ephod es una vestidura sacerdotal. Teraphim: imágenes que representaban a los antiguos dioses familiares de los semitas y el antiguo Israel conoció. Véase Génesis 31, 34, en la historia de Raquel.

[57]Ver Romanos 9, 26-27 y Oseas 3, 4-5

[58]San José, el Mayordomo, Patrono de la Iglesia Universal servirá el Pan eucarístico en la Mesa del Banquete final.

[59] Génesis 9, 9-17

[60] Alusión a Génesis 49, 25-26 y paralelos bíblicos como Lucas 11, 27

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